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1 de agosto de 2021, 22:03:37
OPINIÓN

Duermevela


El “crimen” de Luna

Por Raúl Diaz


Es joven y se llama Luna. Es de Móstoles y colabora con la Cruz Roja. Estudia ciclo superior de Integración Social y se halla en Ceuta. Pero ha cometido un “crimen”.

Ha visto a un hombre desesperado, a un africano negro al que engañaron con una tierra prometida, derrumbado y llorando, sin poder apenas mantener su cuerpo en pie. Ambos estaban en la misma playa inundada de inmigrantes ilegales. Él buscaba su oportunidad de alcanzar ese paraíso (comparado con su tierra natal) llamado Europa. Ella, debidamente uniformada, se dedicaba a atender, ayudar y aliviar las vidas de quienes sufrieran física o psíquicamente en aquel desconcierto. Tal era la situación.

Y entonces surgió el más profundo desconsuelo en el hombre, huidor de miserias, buscador de un mundo nuevo, tal vez intentándolo mediante la ruta de un atajo prohibido. Abrumado y desorientado, ella se acercó a él, intentando otorgarle consuelo. No le dio esperanzas sólo intentó calmarlo. El joven africano se abrazó a la voluntaria buscando más el recuerdo de la caricia de una madre que lo que en otras circunstancias pudiera pensarse. El “crimen” de Luna había sido dar un trato filantrópico a otro ser humano.

Pero, ¡ay!, los medios de comunicación, esos a los que tantos denuestan por embusteros y tendenciosos captaron la situación. Y el instante, ese abrazo de serenamiento, se ofreció al mundo entero para su visionado.

El “crimen” fue objeto expuesto bajo la monstruosa lupa que han creado las redes sociales, para que los/as más manipuladores/as y cobardes, gran parte amparados/as en el anonimato, “juzgaran” el “caso”. A todos esos y esas miserables que ironizaron, sacaron de contexto el hecho, se burlaron o comentaron de manera hipermachista el asunto les planteo lo siguiente:

Supongamos que usted, miserable persona, sufre repentinamente una parada cardiorrespiratoria en plena calle. Casualidades de la vida: hay alguien cerca de usted que pertenece a la Cruz Roja, pero es del sexo opuesto. Hay otra casualidad. También se encuentra cerca un reportero gráfico que comienza a grabar la secuencia desde el momento en el que el/la integrante de esa oenegé empieza a practicarle las maniobras de reanimación cardiopulmonar. Como usted no reacciona al masaje torácico, comienza el boca a boca alternándolo con más masajes. Finalmente, usted recupera la respiración y su corazón vuelve a latir.

Pero, lo siento, miserable persona. El vídeo del reportero ha salido en todos los medios de comunicación. Y se ha subido a redes sociales. Y empieza el goteo (o la cascada) de comentarios. Y muchos/as otros/as miserables comentarán que usted se hizo el/la muerto/a para que esa persona terminara pegando sus labios a los suyos. ¿Lo ve? Ha cometido usted un “crimen” similar al de Luna.

Acabo con un simple deseo para esta joven que ha tenido que desaparecer de las redes sociales tras ser juzgada sumarísimamente por un puñado de descerebados/as. Confío en que tu valentía, tu forma de entender el cómo han de ser las relaciones entre semejantes te lleven a que todas tus metas se vean alcanzadas. Con creces. Has dado una lección de humanidad que supongo la mayoría hemos sabido entender. Pero, como has podido comprobar, la rama de la estupidez crece descomunalmente robusta en el árbol del raciocinio de muchas personas.

¡Suerte y feliz vida, Luna!

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