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Lo que mal empieza, peor termina

Javier Sierra
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Javier Sierra

Talavera: cuando el fútbol también se pierde en los despachos

Por LVDT
martes 26 de mayo de 2026, 18:44h

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Decía un viejo profesor que “la valentía no consiste en no caer, sino en levantarse con dignidad”. Y eso, precisamente, es lo que hoy le toca al Talavera: levantarse. Porque caer, ya ha caído. Y no sólo de categoría. También de proyecto, de identidad y de esa sensación de club reconocible que durante años sostuvo su escudo incluso cuando faltaban goles.

Lo que mal empieza, peor termina. Y esta temporada ha sido la confirmación amarga de ese viejo principio casi litúrgico del fútbol.

Ya el pasado verano, la no renovación de Javi Vázquez dejó un ruido incómodo, de esos que no hacen estruendo en la grada pero sí crujen dentro de la estructura. Porque se iba un entrenador que había demostrado algo muy escaso en Talavera: capacidad competitiva, criterio y la hazaña de situar al club en Primera RFEF. No era poca cosa. A veces en el fútbol se confunde la costumbre con la mediocridad y se cambia lo que funciona esperando milagros.

Llegó Diego Nogales. Un técnico con ilusión, sí. Con margen, seguramente. Pero también con mucho que demostrar. Y quizá, siendo honestos, la categoría le vino demasiado grande o el contexto demasiado pesado. Porque entrenar en Talavera no es sólo ordenar una pizarra: es convivir con una institución que demasiadas veces se agita más en los despachos que en el césped.

Por el camino se perdió también a uno de esos jugadores que garantizan oficio y gol. Álvaro, delantero de solvencia probada tanto en Segunda RFEF como en Primera RFEF, terminó marchándose al Conquense. Y en el fútbol, como en la literatura, hay ausencias que se escriben durante toda la temporada.

Luego vino la portería. Jaime fue, durante buena parte de la primera vuelta, uno de los grandes quebraderos de cabeza. Porque cuando un equipo duda bajo palos, acaba dudando en todo: en la salida, en la defensa, en la moral.

Y después apareció la gran enfermedad del Talavera este año: la inestabilidad. Sandroni no logró fijar un once reconocible, una columna vertebral, una rutina competitiva. Cada domingo parecía empezar una historia distinta. Y el fútbol, aunque romántico en apariencia, es profundamente rutinario: se construye desde certezas.

Los errores se acumularon. Y hay errores que no se perdonan.

Quizá ese penalti fallado frente al Avilés en los últimos minutos fue una puñalada competitiva. Quizá aquella tragedia deportiva contra el Celta Fortuna, cuando el Talavera ganaba 0-3 en la primera parte y terminó cayendo 4-3, fue el verdadero epitafio del curso. Los equipos que quieren salvarse no pueden permitirse convertir una ventaja en autopsia.

Y no. No miremos la última jornada. El descenso no se firma en noventa minutos; se cocina durante meses de indecisión, errores y falta de valentía.

Porque la valentía no era esperar resultados ajenos. La valentía era salir en casa, ante el Orense, con dos delanteros, con hambre, con determinación, con el partido entre los dientes. La valentía, en el fútbol, no se tuitea ni se argumenta: se demuestra en el campo.

Cuando dejamos nuestra suerte en manos de otros, no esperemos milagros.

Ni siquiera los fichajes de invierno lograron alterar una dinámica descendente que ya parecía escrita con tinta oscura. No ayudaron a cambiar la pendiente de un equipo que llegaba tarde a casi todo. Aun así, es justo reconocer el esfuerzo de Nordin y de Javi Belman. Ambos sostuvieron competitivamente al Talavera y ayudaron a mantener viva la esperanza hasta la última jornada. En temporadas así, donde casi todo se desmorona, también hay profesionales que merecen respeto.

Y luego está lo de siempre. La vieja herida del club. Porque cuando en la alta esfera de una entidad hay ruido, incertidumbre o decisiones discutibles, eso acaba capilarizando —como una humedad silenciosa— a toda la organización. Del despacho al vestuario. Del vestuario al césped. Del césped a la grada.

Una vez más, la afición ha estado por encima de la directiva del Club de Fútbol Talavera.

La afición, que nunca desciende.

Ahora toca aprender. Porque de los errores se aprende, aunque el fútbol sea un maestro cruel. Y quizá la próxima temporada, si se construye con más coherencia, más valentía y menos improvisación, Talavera vuelva a mirar hacia arriba.

Porque los clubes históricos no viven del pasado. Pero tampoco pueden sobrevivir olvidándolo.

Javier Sierra Sánchez
Socio del CF Talavera de la Reina

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