Empieza el mes de julio. Se inicia un arduo recorrido por un verano, tan largo como agotador, para las familias con hijos menores. Sin colegio, la jornada laboral se alarga más allá de las horas de trabajo, buscando llenar ese vacío que dejaron amigos y maestros. Los campamentos, además de caros, no son suficientes para cubrir todo el periodo vacacional, y entonces, los afortunados que pueden, activan el teléfono de emergencia de los abuelos.
El anuncio de la visita de los nietos, a veces a media pensión, a veces en régimen de internado, se recibe normalmente con júbilo, pero una vez se inicia la convivencia, pueden aparecer problemas y en algunos casos, hasta deserciones. Los abuelos no son solamente una figura proveedora de cuidados, sino que interaccionan y forman parte del proceso de socialización de los nietos. Por desgracia, no basta con el cariño, hay que tener en cuenta el contexto, la relación con los padres y la distancia generacional.
LA FIGURA DE LOS ABUELOS EN EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN DE LOS NIETOS
Salir del núcleo familiar reducido y pasar una temporada con los abuelos, e incluso con los primos, se convierte en una experiencia reveladora tanto para los niños, que tendrán que adaptarse a una serie de normas nuevas de convivencia, como para los abuelos, que retoman su rol de cuidadores tras la etapa de nido vacío.
El aumento de la esperanza de vida en las últimas décadas, hace que en la actualidad se dé una mayor proporción de contactos entre abuelos y nietos. El incremento de los niveles de salud a edades avanzadas ha hecho posible no sólo el conocimiento de los abuelos, sino una mayor oportunidad de relacionarse con ellos.
Los abuelos, casi siempre admirados, pueden llegar a convertirse en modelos de personalidad y referente identitario para sus nietos. En etapas como en la adolescencia, donde se dan situaciones de rechazo hacia los padres, los abuelos están capacitados para ocupar ese espacio, y transmitir conocimientos, habilidades y valores.
Nos sorprenden las diferencias entre las formas estrictas de actuar de nuestros padres con nosotros, y lo que hacen con sus nietos. Esto es consecuencia de una relación mucho más flexible y cómoda, liberada de esa pesada responsabilidad de educar. Está claro que no es lo mismo ser padre, que ser abuelo. Siempre se ha dicho que los padres están para educar, y los abuelos para consentir, aunque es aconsejable establecer unas líneas rojas comunes que no se deben sobrepasar en la educación de los niños, para no crear confusión y conflicto.
Los abuelos cuentan historias sobre familiares a los nietos, les presentan a otras personas de su entorno, les enseñan habilidades diferentes como cocinar, trabajos del campo, manualidades, labores de costura…En ocasiones, la casa de los abuelos está en un entorno totalmente diferente del domicilio del menor. Los pueblos se convierten en una ventana abierta a la libertad de los nietos, y el campo o la playa, permiten un mayor contacto con la naturaleza y avistar una forma de vida diferente.
FACTORES QUE INFLUYEN EN LA RELACION ENTRE ABUELOS Y NIETOS
La edad es un factor muy importante en la relación entre abuelos y nietos. Por ejemplo, en la niñez, la relación con los abuelos va a depender, en gran medida, de la relación que tengan los padres con sus progenitores o con sus suegros, puesto que son ellos los que van a decidir cómo y cuando se visita a los abuelos.
La relación entre nietos y abuelos cambia con el paso del tiempo. El niño recibe cariño y cuidados de sus abuelos. El nieto adulto con frecuencia se involucra en el cuidado de los abuelos.
La salud es otro factor determinante de la relación. Si bien, pasar tiempo con gente de edad avanzada ayuda a que los niños comprendan realidades como la enfermedad o la muerte, de una forma natural, un estado físico y cognitivo deteriorado impide que la relación se desarrolle. Los abuelos jóvenes, con capacidad de jugar, tienen más posibilidades de entablar vínculos más estrechos con los futuros nietos adultos.
La distancia geográfica y la frecuencia de los contactos, así como la posibilidad de realizar actividades juntos, son elementos que influyen mucho en la relación entre los abuelos y los nietos.
¿POR QUÉ A VECES LA CONVIVENCIA ENTRE NIETOS Y ABUELOS NO FUNCIONA?
Lo normal es que abuelos y nietos se sientan muy satisfechos con esta relación, pero siempre hay excepciones. La calidad de las relaciones está mediada por la calidad de las relaciones previas de los padres con los abuelos. Cuando éstas no han sido buenas, es difícil que se confíe a los abuelos el rol de cuidadores de los hijos.
En la relación con los nietos se ven diferencias de género, especialmente cuando son muy pequeños. Los abuelos que no se hicieron cargo de los cuidados domésticos de los hijos, se ven sobrepasados o molestos con el cuidado de los nietos (alimentación, higiene, etc). Por el contrario, las abuelas acostumbradas a un rol de cuidadoras de sus hijos, manifiestan sentirse realizadas al volver a cuidar a niños tras la etapa de nido vacío. Lógicamente, todo esto va cambiando y se va superando.
La sobreprotección que se produce por el miedo a que ocurra algo en ausencia de los padres, lleva al fracaso de la convivencia, especialmente en la adolescencia. También la distancia generacional o la rigidez mental que acompaña a ciertas patologías asociadas al envejecimiento, hacen que no se puedan establecer puentes de unión adecuados.
No obstante, no se debe asumir la derrota sin antes intentarlo. En la vida familiar existe conflicto, la relación con los abuelos no es una excepción a esta realidad. Sin embargo, son muchos los beneficios psicológicos y sociales que reciben mutuamente de esta relación tanto los nietos, como los abuelos, por no hablar de la inestimable ayuda y apoyo que representan para los padres durante la crianza.
No hay mejor defensa y amparo para un niño que sus abuelos. Cuando los padres se quejan y reniegan de los hijos, siempre hay un abuelo que replica: “de tal palo, tal astilla”.