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Felipe Medina

Votar es papel derrochado

Votar es papel derrochado

miércoles 23 de abril de 2014, 10:51h

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Con este, pongo punto y final a la serie de cinco artículos que he venido publicando en las últimas semanas en torno a la sin duda, más válida de las opciones ante los comicios del próximo día 22: no ir a votar.
No sería justo por mi parte, no aprovechar esta oportunidad para agradecer las innumerables muestras de respaldo e identificación que me han ido llegando, tanto a nivel personal, como a través de los medios sociales de la red.

Ellos, los partidos y sus correspondientes correligionarios, han dispuesto de una extensa campaña en la que nos han machacado vilmente con misivas bien diseñadas desde excelentes operaciones de marketing. A pesar de la crisis y las necesidades, no han escatimado en un ostentoso despliegue de medios físicos, humanos y audiovisuales que, salen de nuestros bolsillos. La jornada, culminara en la madrugada del día 23, con miles de toneladas de papel derrochado.

Cuando la España triste y mal gobernada, está a punto de alcanzar la fatídica cifra de cinco millones de desempleados, los políticos siguen hablando de crear empleo, como si el empleo lo crearan ellos. Los millones de parados y de pobres que han llenado de tristeza y desolación la sociedad española son la consecuencia directa de un gobierno, presidido por Zapatero, que nadie sabe si es más torpe que arrogante, o al revés. Sin embargo, la oposición presidida por Mariano Rajoy, jamás ha aportado una sola solución a la grave situación de España, tan solo crispación y leña al fuego en un propósito único de arrebatar el poder a los socialistas.

Una de las mentiras mejor montadas por la casta política española es la de que ellos crean empleo y riqueza. Sin embargo, no lo han hecho jamás, porque quien crea empleo es la empresa, mientras que los políticos sólo pueden impulsar o frenar la creación de trabajo y, eso si, sangrar a impuestos a diestro y siniestro.

Es patente y patético que el gobierno socialista ha acosado con impuestos y todo tipo de obstáculos a la empresa mediana y pequeña, que es la que crea casi el 90 por ciento de los empleos en España, lo que ha generado la destrucción masiva del tejido productivo. De ello, han sido partícipes los sindicatos que, a cambio de subvenciones, han claudicado con todas las aberraciones que ha impuesto el gobierno contra la clase obrera.

Lo único que los políticos pueden crear es empleo de funcionarios y enchufados, puestos que no representan creación de riqueza, sino gasto público y más despilfarro.

De todos los estragos que ha causado en España la política de Zapatero, su gobierno y la nula colaboración de la oposición, el peor de todos no es, como se dice, el desempleo masivo, sino la destrucción del tejido productivo, con el cierre de cientos de miles de empresas y la desaparición de sectores enteros de la economía productiva, antes prósperos y prometedores.

Los ciudadanos no podemos cambiar el ruinoso e injusto sistema vigente, ni expulsar a los políticos del poder, pero sí podemos actuar pacíficamente, no acudiendo a las urnas el día 22. De hecho, la venganza de los ciudadanos contra los que han corrompido la sociedad, degradado la democracia y empobrecido al mundo ya está en marcha. El objetivo final es cambiar un sistema que ha dejado de ser democrático y se ha convertido en indigno e injusto por culpa del monopolio del poder que ejercen los partidos. La democracia ha sido sustituida por la oligocracía y los ciudadanos han sido expulsados de los procesos de toma de decisiones. Tras haberse apropiado del Estado y de todos sus recursos, los ciudadanos no pueden cambiar el sistema, pero sí pueden dar un importante giro al sistema quedándose en su casa el día 22.

Todo indica que, nuestro mundo avanza hacia un gran choque, hacia esa nueva gran guerra mundial que muchos pensadores vienen anticipando como un enfrentamiento de gran alcance entre los pueblos y sus gobernantes. Quizá, aún estemos a tiempo si castigamos al sistema político español y no acudimos a votar, es el castigo merecido a políticos miserables y probablemente, la única salida pacífica que nos queda a los ciudadanos.

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