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CARTA DEL DIRECTOR | La mala gente (II)

Alberto Retana, director de La Voz del Tajo
Alberto Retana, director de La Voz del Tajo
viernes 13 de julio de 2018, 11:08h

Tras haber publicado ‘La Mala Gente’ hace siete días parece ser que las palabras no fueron suficientemente aclaratorias por mi parte. Vayan por delante mis disculpas si así ha sido pero siempre hay tiempo para poder aclararlo todo.

Si recuerdan, únicamente desgranaba mi visión del actuar de muchas personas que sólo piensan en el bien propio en lugar de preocuparse por el bien general. La codicia, la envidia, la avaricia, la soberbia, el desdén, la desvergüenza... todas esas facetas humanas, algunas de ellas tipificadas en la Biblia como pecados, que adornan el quehacer diario de muchos de los que nos rodean.

Quédense con la última frase de mi anterior artículo, ‘al César lo que es del César’ tanto en la literalidad, como en el nombre, así también como en la consecuencia no sólo positiva sino negativa del actuar de cada uno.

Podría, a la vez, haber usado aquel viejo dicho: “quien siembra vientos recoge tempestades”, tanto monta. Lo que resulta cierto es que el tiempo da y quita razones y ‘los malos’ acaban pagando por sus fechorías.

No cambio mucho de dirección cuando analizo lo ocurrido en la última sesión plenaria del Ayuntamiento de Talavera en la que la portavoz del equipo de Gobierno, María Rodríguez Ruiz, desgranó una serie de propuestas que más de un miembro de los grupos de la oposición tacharon de ‘carta a los Reyes Magos’, bien traído.

Rodríguez expuso que se iban a realizar en Talavera multitud de actuaciones en los nueve meses que quedan de legislatura. No les veo yo con tanta celeridad para acometerlo, sobre todo por la experiencia que ya tienen decenas de empresarios y vecinos que ven languidecer sus licencias en el negociado que, curiosamente, también coordina la portavoz del PP, EL URBANISMO. Sobre todo porque se están gastando miles de euros, nuestros, en abogados para que defiendan sus errores y empecinamientos peregrinos en adjudicaciones públicas.

Pero, además, lo que más me llama la atención de las palabras de doña María es el carácter prepotente, insultante, de descrédito hacia los demás, incluso de falta de respeto a sabiendas de sus creencias religiosas y su profesión al catolicismo que, según se sabe, propugna la buena relación entre los semejantes. Algo falla aquí. Como también falla su percepción de la realidad cuando nos asegura que la ciudad de Talavera ‘va bien’ por sus gestiones y que hasta las calles son transitables. Quizá no lo nota porque acostumbra a estacionar su vehículo personal en zonas peatonales o en aparcamientos reservados para vehículos oficiales.

A eso se le llama ir sin rumbo.

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