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CARTA DEL DIRECTOR | Semana decisiva para quitar caretas

Alberto Retana, director de La Voz del Tajo
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Alberto Retana, director de La Voz del Tajo
viernes 17 de mayo de 2019, 11:34h

Se acerca la hora de la verdad para decidir sobre el futuro más inmediato, porque el mismo pasa por elegir bien a nuestros representantes públicos más cercanos: las elecciones municipales y autonómicas del próximo 26 de mayo.

Estará usted, querido lector, apabullado por todos los discursos que llenan nuestros oídos sobre el presunto “voto útil” (de los que tienen miedo que los que aprietan desde abajo para que no les ‘sorpasen’ dejándoles temblando), también de los que excluyen a los que no les gustan (poniendo barreras por cualquier cuestión que no les apetezca comprender, extremos les llaman) o, también, los que no sabemos si van o vienen (porque acaban de aterrizar y esto de la política aún les está haciendo ver luces de colores).

Las situaciones que nos vienen derivadas de las decisiones políticas (y casi siempre de las indecisiones por inacción) son bastante más serias de lo que parecen y por eso merece la pena pararse un momento y pensar sinceramente qué es lo que interesa a cada ciudad, a cada pueblo, a cada comarca o a cada región.

Todos sabemos que cuando la política se cruza en nuestro camino, la artificialidad rebosa como la espuma en una botella agitada y esa circunstancia debemos tenerla en cuenta.

Son ya muchos años viendo, escuchando, creyendo y descreyendo a los representantes de lo público que piensan más en ellos mismos que en todos los demás.

Ejemplos podría citar cientos, pero no vaya a ser que algún elemento con la piel fina se sienta ofendido preferiré obviar los nombres.

Sí puedo decir que unos pocos nunca me han engañado y otros cuantos han llegado incluso a amenazarme por ejercer mi profesión, pero todo ello queda en mi recuerdo más interno para calar a todos en su justa medida.

La cercanía sincera, el estar siempre disponible es una virtud de la que pueden alardear los amigos que se cuentan con los dedos de la mano, lo demás es artificio.

Y, precisamente, una buena amiga me contaba recientemente su desilusión por haber experimentado las hieles del desprecio de alguien que ostenta puesto de realce, aunque no lo merezca. Tras muchos años de brega, apoyo en la sombra y confianza leal se encontraba con un desagradable “que tengas suerte” sin mover un dedo por ayudarle.

Ese es el precio que se paga por confiar en la persona equivocada que, al final, destapa su verdadero rostro y demuestra su valía, ya no como amigo, sino simplemente como persona.

Por eso, piensen bien si merece la pena depositar su confianza en quien muestra una cara amable en las fotos, henchido de soberbia, y luego no sabe ni cómo te llamas o bien tener la certeza de que quien nunca te ha defraudado tendrá su puerta abierta siempre.

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