Talavera de la Reina (Toledo) se enfrenta a inundaciones que afectan a calles, viviendas y garajes tras más de una semana de lluvias continuas y con el río Tajo en nivel rojo. Barrios como Entretorres, Hilanderas o Grisetas acumulan agua mientras los vecinos achican como pueden.
La situación deja en evidencia no solo la falta de resultados, sino también el triunfalismo con el que el Ayuntamiento anunció en los últimos años la limpieza de arroyos y cauces, una competencia que, además, corresponde al propio Consistorio.
Hace dos años, el concejal de Ganadería, Agricultura y Entorno Rural, Gerardo Sánchez, aseguraba que el Ayuntamiento trabajaba “de forma intensa” en el acondicionamiento de los cauces, especialmente en el arroyo Merdancho, en colaboración con la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT).
Hablaba de “gran colaboración”, de solicitudes de urgencia tramitadas en tiempo récord y de la implicación de municipios vecinos y de la sociedad civil. Sin embargo, dista mucho de aquella imagen de eficacia. Según denuncian residentes de las zonas afectadas, las actuaciones realizadas consistieron en limpiezas parciales tras las que se dejaron las cañas y restos vegetales en el propio cauce o en sus márgenes inmediatas.
El 12 de marzo del año pasado, el teniente alcalde David Moreno y el propio Sánchez insistían en la necesidad de limpiar los arroyos para prevenir inundaciones. Moreno subrayaba que la retirada de vegetación invasiva y sedimentos era fundamental para aumentar la capacidad de absorción de los cauces.
Lo cierto es que se realizaron trabajos de limpieza en varios puntos. Sin embargo, vecinos de zonas como el arroyo que desciende de La Portiña sostienen que las actuaciones fueron parciales y que parte de las cañas y restos vegetales quedaron en el propio cauce o en sus márgenes, lo que, con la crecida, habría contribuido a nuevas obstrucciones. Hoy ese tramo figura entre los principales focos de desbordamientos y quejas vecinales. Es decir, no solo no se garantizó un mantenimiento continuado, sino que la ejecución de los trabajos habría resultado insuficiente o contraproducente.
Incluso en noviembre de 2025, hace escasos 4 meses, el Ayuntamiento de Talavera impulsó la limpieza de los arroyos de La Portiña, el Bárrago y el Baladiel. Gerardo Sánchez presentó la intervención como parte de un “compromiso firme de la Concejalía con el cuidado del medio natural y la mejora de la calidad de vida en el ámbito rural”.
El malestar se centra en lo que consideran “golpes de pecho” y medallas prematuras por unas limpiezas que, a la vista de los hechos, no han evitado que el agua entrara en las casas. “¿Cuándo se han limpiado los arroyos? Os habéis puesto la medalla y ahora nos tragamos el agua nosotros”, reprochan algunos vecinos.
En paralelo, continúa el cruce de responsabilidades entre administraciones. La CHT sostiene que sus competencias son técnicas y que las actuaciones requieren solicitudes formales del Ayuntamiento; el Consistorio afirma haber pedido recursos y permisos.
La imagen que queda, para muchos vecinos, es clara: se presumió de una limpieza que no fue ni completa ni eficaz, se anunciaron actuaciones que no se consolidaron en el tiempo y, cuando llegó la crecida, las cañas y restos mal retirados acabaron convirtiéndose en parte del problema.
