Hay palabras que suenan técnicas, casi de consulta médica, pero que describen con una precisión incómoda la realidad. “Reviviscencia”, por ejemplo. Ese momento en el que algo que creíamos superado vuelve a aparecer, con la misma carga, el mismo olor y, a veces, las mismas consecuencias.
Y ahí tenemos la llamada “prioridad nacional”. Vox la plantea allí donde tiene mano, el Partido Popular la acepta donde le cuadran los números, y entre unos y otros van construyendo un discurso que no es nuevo, aunque se venda como respuesta a problemas actuales. Lo mejor es que la Iglesia también se ha pronunciado y ha echado al suelo las ideas de esos que se pegan tantos golpes en el pecho y ocupan las primeras filas en misa.
El problema no es quién llega, sino en qué condiciones estamos todos. Porque discutir sobre prioridades nacionales en una tierra donde muchos jóvenes siguen haciendo las maletas no deja de tener algo de ironía involuntaria.
O de reviviscencia, si se prefiere. Lo que es revivir viejos debates mientras los problemas de siempre siguen esperando soluciones nuevas. Quizá ahí esté la verdadera prioridad.
Y mientras vivimos esta trifulca —con cierto aire a déjà vu histórico— la realidad en esta tierra va por otro carril. Para sorpresa de los habituales agoreros, los datos económicos no son precisamente malos: baja el paro, sube la ocupación y se consolida una tendencia que invita, al menos, al optimismo. No es un milagro, pero tampoco el desastre permanente que algunos necesitan para sostener su relato.
Lo curioso es que, en medio de esta mejoría, el ruido no viene por ahí. Viene por lo de siempre: por lo que parece accesorio pero que al final alcanza la categoría de problema estructural. Lo vemos en la polémica del programa de San Isidro en Talavera, que ha conseguido algo difícil: poner de acuerdo a medio mundo… pero en la crítica.
Así que sí, avanzamos en empleo, mejoramos poco a poco y dejamos atrás algunos fantasmas económicos. Pero, al mismo tiempo, resucitamos debates que creíamos enterrados y nos entretenemos en polémicas que dicen mucho de la gestión de algunos gobiernos.
Reviviscencia, otra vez.
No solo de las ideas, también de las costumbres.