Se cumple este año el 60 aniversario del nacimiento de un gran club de futbol: el Torpedo 66. Sesenta años de progresión continua que tuvieron un comienzo memorable. La afición por el futbol en Cebolla era antigua. Ya en los años 40 existe constancia de un equipo formado por jóvenes del pueblo que se enfrentaban informalmente a los de las cercanas localidades. Pero fue en el año 1965 cuando un nutrido grupo de pioneros sintió la necesidad de crear un equipo de futbol que representara al pueblo y fuera incluido en alguna competición liguera oficial, aunque carecían de campo, equipamiento y del material necesario para comenzar.
Según el relato de uno de aquellos protagonistas, Luis Miguel Valencia, en la noche del Jueves Santo de aquel año se reunió un grupo de amigos en la casa de Carmina Agüero para jugar a las cartas y preparar el partido que debía enfrentarlos al equipo de Las Vegas de San Antonio el día siguiente. Se planteó esa noche la necesidad de federarse y participar en una competición reglamentada oficialmente. Este fue el comienzo. Se reunieron, después de ese partido, con el resto de fundadores para preparar el difícil proceso, que comenzó por buscar un nombre y los colores de la equipación.
Tras varios meses de reuniones, en las que se barajaron todo tipo de propuestas, se descartaron los Atléticos, Deportivos, Sporting o Rayos, eligiéndose finalmente el nombre del moscovita Torpedo, al que se añadió el año de su fundación: 66. No quisieron adoptar el nombre del pueblo por temor a tener malos resultados y que saliera perjudicado.
Para los colores de la camiseta hubo unanimidad en elegir unos que fueran diferentes al resto de equipos, para no verse obligados a una segunda y costosa equipación. Se escogieron el negro y blanco a rayas verticales, con el pantalón negro. Para el escudo se propuso un concurso entre los vecinos del pueblo, seleccionando el mejor. Pero el principal problema era el del campo. Les prestaron uno que tenía un nombre muy apropiado: Balombíque, al que hubo que acondicionar a base de pico y pala. Era una solución provisional y necesitaban tener uno en propiedad, para lo cual, al no disponer de capital, decidieron ir casa por casa recaudando lo que buenamente pudiera darles cada familia. Pasaron vergüenza, pero su entusiasmo y decisión fue superior. Hubo aportaciones excepcionales, como la de la Peña del torero de Cebolla, Luis Miguel Ruiz, que aportaron sus ahorros para la causa. Gracias a ellos y al apoyo de Matías Quirós y Domingo Valencia, lograron comprar el campo en el que, desde hace décadas, juega el Torpedo 66, mejorando sus instalaciones cada año.
El sueño de conseguir un equipo y un campo se hizo realidad gracias a un grupo de jóvenes emprendedores y entusiastas, muchos de ellos alumnos del que fuera el mejor maestro de Cebolla, don Jesús Martín Gallinar, impulsor de este espíritu activo y decidido. Es de justicia mencionarles a todos como un pequeño homenaje a la gesta de poner los cimientos sólidos sobre los que se construyó este gran club de futbol, que hoy pasea sus colores con orgullo por muchos campos de nuestra geografía, en categorías superiores, creciendo y consiguiendo triunfos año tras año.
Estos son los creadores del Torpedo 66:
José Argudo, Cesar Muro (uno de los generales más jóvenes de España, llegando a lo más alto del escalafón en la jerarquía militar), José Pirulo, Leo, Maño, Toñy, Emilio Pajarito, Andrés, Maleri, Punzón, Jesús Malta, José Muro, Chafa, Francisco, Pablo, Manolo Sanmamés, Félix, Vallejo, Nicolás, Amancio, Julián, José Sofía, Lorenzo, Luis Miguel Valencia, Emilio Fernández Recio, Paquito, Requena, Nicolás, Rojillo, Chucho, Carlin, Agustín, Paulino, Canete, Quique Muro, David Carriches, José Manuel Tofiño, Carlos Yuste, Raimundo, José Francisco, Luís Jurjo, Ángel, los hermanos Patón, Emiliano Madrid y Felipe Yuste que, junto a Eloy Muro, Matías y José Ramón, fueron los presidentes de las primeras directivas.
Todo el pueblo de Cebolla y el club que fundaron les estarán eternamente agradecidos.
Carlos Leopoldo García Álvarez
Médico y escritor