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Javier Rivas

Cambiando nombres

Cambiando nombres

miércoles 23 de abril de 2014, 10:51h

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Una de las pocas medidas concretas que al parecer ha tomado el nuevo equipo de gobierno del Sr. Lago, es la de cambiar el nombre del CEPA, que se situará en el antiguo Instituto Padre Juan de Mariana.
El nombre que se había elegido era el de Largo Caballero, personaje muy controvertido por su participación en los movimientos revolucionarios de 1917 y de 1934, así como por las acciones que llevó a cabo como ministro de la guerra en la II República, (único gobierno legítimo, conviene que no lo olviden sus detractores).

No me pareció nada bien que se eligiera este nombre para el nuevo centro de mayores, pero menos me gusta aún, que los apasionadas de Wikipedia y del historicismo de nuevo cuño encabezado por grandes hombres como Pío Moa o algunos de esos que han redactado el Diccionario Biográfico, y han definido al “generalísimo” poco menos que de mártir por la cruzada de la fe, sean los que amparados en supuestos desmanes quieran destrozar la figura de un hombre que fue ministro de trabajo, ministro de la guerra y presidente del gobierno de España; que impulsó las grandes reformas laborales y de derechos de los trabajadores y que, es cierto, se radicalizó con el tiempo hasta convertirse en un revolucionario.

Me parece acertada la propuesta de cambiar el nombre, e incluso que se alegue para ello que se busca evitar el manido guerracivilismo al ser un personaje muy vinculado con la guerra y sus consecuencias, aunque se le achaquen barbaridades sin fundamento y sin demostración desde estas mismas páginas, por mi buen amigo Javier Gil.

Supongo que ese espíritu que ha imbuido al nuevo gobernante les llevará a, en cumplimiento de la ley de la memoria histórica, eliminar los restos de ese guerracivilismo que aun existen en abundancia en nuestra ciudad. Eliminarán algún escudo que todavía queda, incluido el de la basílica municipal del Prado, cambiarán nombres a calles que siguen conservando ese aroma rancio y desagradable a la dictadura y por supuesto, impulsarán la inhumación de las decenas de asesinados que están enterrados en las fosas comunes del cementerio municipal. Si es así, me parecerá bien que cambien el nombre del centro, pues si Caballero era un criminal como dicen algunos, tenemos calles con fechas de funesta memoria y nombres de auténticos asesinos, que son parte de nuestro paisaje urbano y que habría que eliminar de igual manera.
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