El agua es ese elemento inquietante y enigmático que desde la infancia atrae poderosamente nuestra atención, suscitando sentimientos que oscilan entre la fascinación y el miedo. Percibimos su belleza, al mismo tiempo que su potencial peligrosidad. Quisiéramos disfrutarla a nuestro antojo, pero son numerosas las leyendas que desde pequeños nos educan en el necesario respeto por el agua.
En estos días de lluvias desacostumbradas, nuestra preocupación se centra en el río y sus embalses. Temblamos a merced del poder caprichoso de las corrientes, porque el agua, dicen, tiene memoria. Existen relatos antiguos sobre el río Tajo que nos hablan de tragedias humanas, normalmente protagonizadas por mujeres bellas. Todos ellas tienen algo en común, nos recuerdan la fragilidad de la vida, en un trasfondo de muerte y miedo, asociado al agua.
LA NINFA DEGOLLADA DE GARCILASO DE LA VEGA
Una égloga es un poema breve, que narra historias de amor sucedidas en el campo, y cuyos protagonistas suelen ser pastores y campesinas. Garcilaso de la Vega en el año 1.536, escribió su famosa Égloga III utilizando como escenario la ribera del río Tajo, para introducirnos en el dolor del amor y de la muerte, que tan de cerca el autor había experimentado, con el fallecimiento repentino de su amada Isabel Freyre.
La historia habla de cuatro ninfas (deidades protectoras del agua) que salieron del río Tajo para tejer en sus paños unas escenas de amor. Las tres primeras ninfas eligieron pasajes de la mitología clásica, pero la cuarta ninfa, llamada Nise, no quiso tejer historias antiguas, y representó la muerte de Elisa (Isabel Freyre), amada del pastor Nemoroso, como una ninfa degollada a la orilla del río: “Cerca del agua, en un lugar florido, estaba entre las hierbas degollada, cual queda el blanco cisne cuando pierde la dulce vida, entre la yerba verde.”
En la literatura renacentista de Garcilaso de la Vega, en el siglo XVI, ya encontramos esa asociación de agua y tragedia, protagonizada por una bella joven, en el escenario del río Tajo. Siglos después, este relato inquietante se repite, con diferentes historias y protagonistas, pero siempre en el mismo contexto.
LAS LEYENDAS DE LA DAMA BLANCA Y LA INOCENTE CONDENADA EN TALAVERA DE LA REINA
Dice una leyenda talaverana que había en la ciudad una bella costurera llamada Carmen (o María, según versiones). La hermosura de la joven suscitó envidias entre sus vecinas, que decidieron acusarla ante la Inquisición de brujería. La joven fue condenada a morir en la hoguera por bruja, y tras la ejecución, sus cenizas fueron arrojadas al río Tajo. Según la leyenda, en ocasiones, puede verse reflejada en el agua su cara, la de la Inocente Condenada.
En el siglo XIX aproximadamente se hizo famosa la historia de la Dama Blanca de Talavera. Se trataba de una joven cuyo prometido murió repentinamente, quedando ella desolada. El amor que sentía, hizo que traspasara las fronteras entre la vida y la muerte, para reunirse con su amado, y desde entonces, hay quienes la ven pasearse por la orilla del río, especialmente los días de niebla, vestida de blanco, en busca de su prometido.
LA NOTICIA DE LA JOVEN HALLADA EN LA GRANJA DE LA POMPAJUELA
El 15 de diciembre de 1886, el periódico toledano El Nuevo Ateneo, publicaba un artículo que narraba tres días de caza en la Granja de la Pompajuela (Las Herencias). No obstante, un episodio ensombreció la fiesta:
“Al caer la tarde, y al sonar los últimos disparos, había cobradas treinta y tres piezas… ¡Treinta y cuatro! -dijo una voz, y añadió: el gran cazador, la Madre Naturaleza, acaba de cobrar una pieza en las aguas del Tajo… ¡Una infeliz mujer, agobiada por el infortunio, se ha arrojado al río y las aguas han devuelto un cadáver!”
A veces las leyendas se alimentan de hechos verídicos. Muertes violentas de muchos tipos, repetidas en el tiempo, terminan haciendo del río Tajo y sus inmediaciones un lugar poco seguro para la fragilidad humana, representada bajo la figura femenina y blanca. Lo demás, lo añade la imaginación y el morbo social.
Quizás estas leyendas tienen la finalidad de recrear la tragedia y de esta forma evitar posibles peligros que se pueden dar entorno al río, incluidas las acciones suicidas de las que ha sido históricamente escenario el río Tajo en la ciudad de Talavera. La belleza del agua, hace que nos olvidemos fácilmente de que los ríos son grandes tumbas donde han ido a parar las víctimas de guerras, de injusticias y de otras tragedias. Por algo se busca allí a los desaparecidos, temiendo al mismo tiempo sus apariciones. En nuestro imaginario, el río es la frontera entre la vida y la muerte. Ya lo dijo el poeta Jorge Manrique:
“Nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar, que es el morir; allí van los señoríos, derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los medianos y más chicos, y llegados son iguales, los que viven por sus manos, y los ricos” (Coplas de Don Jorge Manrique a la muerte de su padre, s. XV)