www.lavozdeltajo.com

ARTÍCULO

Coco, Sacamantecas y otros mitos asustaniños

Coco, Sacamantecas y otros mitos asustaniños
Ampliar

Escrito por Ana María Castillo Pinero

domingo 29 de marzo de 2026, 09:30h

Escucha la noticia

Algunas veces en el patio del colegio alguien gritaba, ¡La Mano Negra! Todos los niños y niñas salíamos corriendo, sin saber muy bien hacia dónde. Un acto reflejo que no se había decidido en nuestro córtex cerebral aún inmaduro, pero que salvaguardaba la supervivencia. Así se ha educado a la humanidad durante siglos, en un miedo infundido por ideas, más que por realidades concretas, pero con un efecto brutal sobre nuestras conductas.

A los de mi generación, de pequeños, solía visitarnos El Coco. Nadie sabía muy bien describirlo, salvo por su maldad y su poder de aparecer en cualquier lugar, cuando no se respetaban las normas establecidas sobre el sueño o la alimentación. Podía salir del armario de tu habitación o entrar por la ventana. No conocíamos muy bien de qué estaba hecho, si de materia orgánica o espiritual, ni tampoco como era su aspecto físico. Una cosa sí estaba clara: se alimentaba del miedo que infundía, especialmente del miedo a lo desconocido.

Si andabas solo por la calle en horario no recomendado, podía llevarte el Sacamantecas, un tipo despiadado, vagabundo y huraño, dedicado a la venta ambulante, que con su enorme cuchillo te desollaba. Este mito se origina en la antigua creencia medieval de que la sangre y la grasa de los niños, podía curar ciertas enfermedades, pero también se sustenta en hechos reales. Francisco Leona Romero, en el año 1.910 secuestró, con la finalidad de elaborar un ungüento curativo, a un niño de siete años, Bernardito, en la localidad almeriense de Gádor. Lo introdujo en un saco y se lo llevó. Así surgió la leyenda del Hombre del Saco. Miedo a la muerte, miedo a desaparecer, miedo a que te separasen de tu familia, miedo a los extraños de mala apariencia, todo esto significaba para nosotros el Hombre del Saco.

En el campo también había peligro, podías encontrarte con el . Con forma de búho negro enorme y ojos rojos encendidos de maldad, se avistaba con frecuencia en los Montes de Toledo. Algunos dicen que procede de una antigua deidad celtíbera que moraba en los encinares y se llevaba a los niños volando hasta una cueva, para saciar su voraz apetito. La interjección ¡Bú!, ha quedado en nuestra lengua como manera de asustar. El Bú se hacía más grande con el miedo a alejarse del grupo, con el miedo a permanecer en soledad, con el miedo a lo que no se ve venir.

Cada territorio tiene sus asustaniños. En Castilla está el Tío Camuñas, la Anjana en Cantabria, los Espantamainades en Cataluña y la Estadea en Galicia. Todos estos mitos tienen algo en común, tienen una finalidad educativa. Generan una sensación de angustia que incita al niño a realizar una acción para sentirse a salvo del peligro, y esa acción es la que los adultos consideran el comportamiento adecuado.

Han pasado décadas y seguimos igual. Tal vez ya no nos cuentan historias del Coco al anochecer, pero permanece anclado en nuestro subconsciente. Hay narraciones que no son asustaniños, sino espanta mayores. Los políticos las conocen, y cuando ven que no tienen argumentos, abren el baúl de los miedos. Para unos el miedo vendrá disfrazado de pobreza y decadencia, para otros será el miedo a la pérdida de libertades y derechos. Los más catastróficos, sentirán incluso el miedo a una guerra civil o mundial.

Lo cierto es que el discurso del miedo funciona, porque nos impide pararnos y pensar lo que de verdad queremos. Cuando esta angustia se nos presenta, la mitad de veces actuamos por reacción automática. Corremos despavoridos hacia las urnas, con nuestro voto ideológico, y lo depositamos a la voz de: ¡Que viene La Mano Negra! Alguien pensará que esto son sólo historias de niños, o cuentos para no dormir…

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios