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CARTA DEL DIRECTOR

IGROSO, ese pensionista que nunca se jubilará

IGROSO, ese pensionista que nunca se jubilará
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viernes 12 de abril de 2019, 14:00h

No les miento si les digo que muchas de las cosas que he aprendido en este mundo de la comunicación se las debo a él.

Ignacio Rodríguez Sobrino, o IGROSO como le gusta jugar con las iniciales de su nombre y apellidos, es alguien que nunca falla. Mostrará mil berrinches, parecerá que su voz ronca atrona cuando se dirige a los cercanos, su ceño fruncido de parrillano recio, a oscuras, tiene que al menos sorprender pero eso es simple fachada. El gran problema no reside en todo ello sino en la escasa capacidad torácica para el gran corazón que alberga dentro del pecho.

Nunca le he llegado a escuchar –hasta ahora– palabra de reproche para con quien demostraba ideas diferentes a las suyas, sólo razonamientos bien reflexionados con la intención de convencer al de diferente pensamiento. Versado en todos los asuntos de la actualidad local, regional y nacional, el fútbol –sin embargo– ha sido su vicio más vital aunque las heridas perennes que su Atleti le ha propinado año tras año le han hecho mirar cada vez más de reojo el mundo del balón. La fidelidad es esa virtud con que se nace con ella y es muy difícil de aprender... a mí me ha dado lecciones y espero haber sido digno alumno en esa asignatura.

Hoy, 12 de abril de 2019, le llega la jubilación en ese puesto que siempre ocupó con responsabilidad absoluta dentro del Instituto de Ciencias de la Salud (antes Centro Regional de Salud Pública y más antiguamente Centro Nacional de Demostración Sanitaria que inaugurara Manuel Fraga Iribarne siendo ministro en el año 1976. Hoy deja media vida laboral aparcada pero, a buen seguro, continuará atesorando la amistad de cientos de personas que han trabajado codo con codo junto a Ignacio y que siempre estarán en su mente.

Si quieren que les cuente un secreto, aunque él me riña, su debilidad radica, precisamente, en los sentimientos. Pocas veces tuve la ocasión de conocer a una persona a la que las fatalidades afectaran tan hondamente.

Nunca ha podido ver a dos amigos siquiera discutir, le brotaría la lágrima cual niño desasistido. Por ello la amistad sincera es otro de sus valores más arraigados. Y, en fin, no se trata de relatar cada experiencia vivida a su lado, en esta Voz del Tajo que tanto quiere, sino de expresarle la gratitud debida por tantos consejos, por tantos esfuerzos, por tanta confianza y por las mil lecciones de vida que me ha regalado... y las otras mil que aún me esperan mientras me permita acercarme a su lado como aquel púbere que se empeñó en ser periodista a los 13 años y que ahora puede decir, muy alto y sin rubor alguno, que mucha culpa de quien soy la tienes tú.

Aquí va este GRACIAS, Igro, porque quienes nos tenemos por tus amigos sabemos que siempre estás ahí cuando más se te necesita. Feliz jubilación.

Y si esperaban, queridos lectores, una columna política con motivo del comienzo de la campaña electoral, tendrán que esperar.


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