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El Mediador

El estado del Estado Esperanza

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición “Psicología de virtudes y pecados”, de editorial, Letras de autor.

martes 12 de noviembre de 2019, 11:35h

Muchas veces en la historia del pensamiento humano se ha escrito sobre el concepto de Esperanza. Yony no es ajeno a ese conocimiento de nuestra forma de pensar y su evolución. Se creía que era un concepto religioso, no es cierto, lo que han hecho las religiones es apropiarlo como si fuese suyo cuando es en realidad un asunto de la psicología humana, y por tanto se ha dado y de da en cualquier lugar geográfico y en cada momento histórico porque es algo producto de nuestros sentimientos, de nuestras emociones. Y quizá se intensifica cuanto más culto se es.

La definimos como el deseo, aspiración, a veces sueño, casi siempre implicación absoluta de nuestra voluntad, para que podamos alcanzar una realidad que al principio solo existe en nuestra cabeza, y esta se materialice en algo cuantificable y se convierta en algo lo más objetivo posible para el mayor número de individuos.
Ahora, con las recientes elecciones, se comprueba una vez más cómo los humanos, en este caso Españoles, hemos soñado, con ferviente esperanza, que los resultados electorales fuesen muy distintos de los del pasado mes de Abril. No ha sido así y nuestra esperanzas se han venido abajo, nos encontramos en el mismo lugar que entonces, solo que ahora, como pasa casi siempre, no solo nos sentimos un poco más decepcionados, sino que, como sucede en casi todos los conflictos, cuanto más tozudos y cabezones somos, más complicamos las cosas, y la salida se ve aún más difícil que como la veíamos antes de dar este absurdo paso.
Podíamos decir, Yony así nos lo explica con un chiste, que en vez del royo anterior se puede definir la esperanza con el viejo dicho del refranero Castellano, “¿Dónde vas Juanito? ¡¡Voy a los toros!!, ¿De dónde vienes Juanito? V-e-n-g-o de los t-oros. La decepción se expresa de forma clara con su exclamación inicial llena de euforia y su contestación final llena de aburrimiento y pesadumbre.

Cuando vivimos en el mundo de la ilusión, los mitos, la magia y los planteamientos ideológicos, muy pronto comprobamos que no tienen casi nada que ver con los acontecimientos reales. Porque vivimos en nuestra imaginación y jugamos en ella con lo que en el fondo no son más que, nuestros deseos inconscientes. Por el contrario, si pasamos a pensar y reaccionar como adultos, y vivimos en el mundo de los conocimientos contrastados, sí podemos hacer previsiones más realistas fundadas en esa experiencia y en saber que, deseemos lo que deseemos, o nos ilusionemos con lo que fuere, el mundo va a ir por su propio camino y no por el que deseamos nosotros fundados en no sé qué Dios, o en no sé qué Principios o Creencias.

Esto ya lo sabemos, aunque quizá ya va siendo hora que comencemos a cambiar, ¡¡Qué ilusos somos los humanos!!.

Y ahora, dice Yony, viendo tan rápido el efecto de nuestra decepción, y comprobando, una vez más, que no era otra cosa que el producto de nuestro sueño e ilusión, este tema de las elecciones y el posible cambio de ganadores y perdedores, ¿No podemos los humanos aplicar esos razonamientos, por ejemplo, al Brexit, al Nacionalismo Catalán, a la guerra comercial de Trump, y darnos cuenta que no es más que una Ilusión baldía y que no vamos a cambiar nada de la vida de los seres humanos por muy estado Catalán que creen, o por muy “Independientes” que se crean ciertos Británicos?.

¿No podemos, en vez de soñar despiertos para que se cumplan una serie de deseos ocultos, luchar con conocimientos reales y con comprobaciones empíricas que es mejor vivir con los ojos abiertos y convivir con los demás sobre mundos reales, que seguir queriendo vivir en medio de nuestra cabeza sin abrir los ojos, y no queriendo comprender como es de verdad el mundo en el que habitamos?.

En fin, también se lleva a gala defender que la Esperanza es lo último que se pierde, y se valora el que alguien luche por sus sueños aunque se vea que son imposibles. Claro está que también es cierto que nadie quiere ver el reguero de muertos que muchas veces en la historia los sueños de cuatro locos han dejado detrás.

Parece que queremos seguir jugando a la irresponsabilidad y no querer reconocer que nosotros somos los que debemos madurar y tomar medidas para, poco a poco, no es necesario correr, ir adoptando medidas racionales, técnicas, de estricto sentido común, que nos lleven a la mejor convivencia posible, con respeto a los demás, pidiendo constantemente su colaboración, y no buscando, como en las pasadas elecciones la confrontación y la exclusión constante de los que “dicen pensar” –porque luego se comprueba que en la mayoría de los casos no es así- diferente a lo que nosotros manifestamos pensar, porque muchas veces, o pensamos un poco diferente a lo que decimos, o cambiamos muy rápido de parecer.

Ahora comprobaremos si tenemos cabeza para gestionar esta situación. Tiempo al tiempo.

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