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El Mediador

El estado del Estado: cruce del abismo

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición “Psicología de virtudes y pecados”, de editorial, Letras de autor.

martes 26 de noviembre de 2019, 09:15h

Ya hay publicado, y forma parte de la literatura actual, una frase que puede ayudarnos a plantear las siguientes cuestiones acerca de los posibles abismos mentales, y su cruce, dicha cita es: “No hay más cadenas que las que atan nuestra mente”.

Es un tema evidente que según pensemos así plantaremos el análisis de nuestro entorno, y de esa forma actuaremos sobre él. Dicha actuación la llevaremos a cabo adoptando decisiones orientadas a nuestra lucha por conseguir esos objetivos que, en función a nuestras motivaciones, y solo en base a nuestros deseos conscientes o inconscientes, intentaremos llevarlos a término.

Es un tema que a Yony le choca bastante, ¿Cómo los humanos no somos suficientemente conscientes de que una persona actúa en función a cómo piense?. Y esa forma de pensar no es más que el resultado de su educación y de su formación.

Pensamos según lo que nos han enseñado y en función a lo que vemos en nuestro entorno. Es obvio que una persona nacida y criada en el trópico que no ha visto ni una sola fotografía de la nieve, no puede pensar en ella, ni saber en absoluto lo que es o cómo se comporta y que efectos produce.

Todo este royo se lo plantea nuestro visitante para intentar explicarse los de los abismos y el posible cruce de los mismos.

Hace una semana, mantuvo una ligera conversación con una joven española muy inteligente, formada, tres idiomas, un grado universitario, dos másteres, con la que intentó cinco años atrás simplemente hablar, y llegar a ella, y le resultó imposible.

Dicha imposibilidad era producto del mundo mental en el que dicha joven habitaba, en sus elucubraciones adolescentes y en las “Ilusiones” a lo Alonso Quijano, que ella, y solo ella, en función a su apreciación del entorno, había creado en su mente.

En esta nueva charla él le preguntó por el aparente cambio que observaba en su forma de plantear ciertos temas, y que parecía que ya había cambiado bastante. Le replicó muy directa que ello era producto de la “Realidad”. -¿Y qué es la realidad preguntó intrigado, aunque haciéndose el sorprendido? Ella no dudó, contesto firme otra vez. –“La verdad”.

No pudo por menos que seguirla presionando y la pregunta fue obvia, ¿Qué es eso de la verdad?.

La joven trató de explicar que al pasar de estudiante de 19 años viviendo en casa con todo resuelto y mamá haciéndolo todo, a joven trabajadora con vida independiente y teniendo que hacer frente a múltiples y desagradables tareas, como la de hacer la colada y planchar, había cruzado un enorme “Abismo” que antes no sabía que existía y que, viendo la vida desde el otro lado del mismo, sus percepciones habían cambiado por completo. Lo achacaba a lo que denominó… “Cruda realidad”, y, según su apreciación, es lo que se había convertido en…La Verdad.

Yony conoce que en los ambientes universitarios ya se maneja ese claro concepto de que: Cada uno piensa en función a la posición que ocupa. Aunque no se es consciente de ello en muchísimas ocasiones. Es también verdad que los mediadores profesionales manejan con cierta soltura todas las implicaciones de esa frase. Pero en el mundo corriente no se tiende a creer en esa afirmación y casi todo el mundo cree que piensa libremente y que sus ideales con producto de su bien pensar y desear mundos mejores.

El abismo que ha cruzado esta joven se produce porque ella en su mente, adolescente, se imagina el mundo a su manera, casi siempre, a su medida. Con el avance de la vida descubre que no todo es ese ambiente de protección en el que la situación la ha colocado. Cree que todo es fácil, porque en su casa sus padres se han encargado de ello, pero parece no querer verlo, y menos aún, valorarlo y agradecerlo.

Es la vivencia, y el sufrir los esfuerzos de los aconteceres diarios, lo que le ha hecho cruzar un abismo que antes no sabía ni que existía. ¿Cómo podía plantearse lo que no veía?. Ahora lo sabe, y parece que ya nadie debe explicarle nada. Como por arte de magia se presenta ante ella una nueva realidad con sus múltiples acepciones. Ahora descubre…La verdad.

Pero… Si ahora intentara hablar con cualquier otra joven de su edad anterior y le explicara su nueva realidad, su verdad, ¿La creería alguna?.

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