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TALAVERA | El rebrote de la gripe en septiembre de 1918

Hospital de urgencia levantado en Kansas (Estados Unidos) para tratar la llamada gripe española. / National Museum
Hospital de urgencia levantado en Kansas (Estados Unidos) para tratar la llamada gripe española. / National Museum
Por Irene González Moreno
jueves 18 de junio de 2020, 09:00h

La epidemia de gripe que se desarrolló en 1918 alcanzó en el mes de mayo a la provincia de Toledo, y comenzó a remitir al mes siguiente al igual que en todo el país. El periódico El Liberal del 21 de diciembre de ese año publicaba una información acerca de la evolución de la enfermedad, señalando que en agosto desaparecieron los caracteres epidémicos al quedar reducida la mortalidad en ese mes a cifras que se podían considerar casi normales, ya que se habían computado 976 fallecimientos en España.

Sin embargo, en septiembre se recrudeció bruscamente la epidemia de una manera terrible con una mortalidad superior al triple de la registrada en junio, con la triste sorpresa de que la moderada cifra de fallecidos por gripe dio un salto enorme y creció hasta llegar a 1as 7.837 defunciones. Asimismo, se señalaba en el periódico que no era aventurado afirmar que un gran número de fallecidos por otras enfermedades, principalmente por bronquitis y neumonía, se debían a la gripe, por lo que los efectos destructores de la epidemia en su conjunto habían sido verdaderamente desconsoladores.

Con motivo de la actual pandemia provocada por el COVID-19, han aparecido numerosos artículos y estudios en los que se referencia a la gripe de 1918, con evidentes similitudes y repercusiones en diferentes aspectos: humanitario, médico, social, político, económico, etc. Por este motivo, parece conveniente resaltar algunas cuestiones sabidas de la anterior epidemia de gripe por si fueran de interés en el caso de un más que posible rebrote después del verano del 2020 del actual coronavirus al igual que sucedió en 1918.

Las primeras noticias relevantes sobre la gripe de 1918 habían aparecido en la prensa a finales de mayo. El diario ABC del día 22 de ese mes señalaba en una escueta nota que los médicos habían comprobado que en Madrid se había propagado una epidemia de índole gripal; pero, por fortuna, de carácter leve. Al igual que ahora, inicialmente no se le dio la importancia requerida al considerarse como una gripe normal; pero lo que no se imaginaban entonces es lo que vendría después con un segundo brote del virus que había mutado a una forma mucho más mortal. La enfermedad estaría presente en Madrid con carácter epidémico desde primeros de septiembre hasta mediados de diciembre de 1918.

El Eco toledano informaba el 5 de octubre que la epidemia se extendía por la provincia y el día 19 siguiente daba la cifra de 238 vecinos atacados por la gripe en Talavera de la Reina; asimismo, los periódicos de Toledo señalaban el aislamiento de los enfermos como remedio para su contención. Otras informaciones sobre la gripe en Talavera se pueden ver en varios periódicos de Madrid del 18 de octubre que señalaban que aumentaba la enfermedad en la ciudad y elevaban las cifras hasta los 600 afectados, precisando El Imparcial cinco defunciones el día 22 siguiente.

La epidemia de gripe se concentró en Talavera de la Reina durante el otoño de 1918, fundamentalmente en los meses de octubre y noviembre, siendo la mortalidad atribuida a la rúbrica exclusiva de la enfermedad algo por encima de la tasa nacional. El Dr. Atenza señala igualmente que la situación en la ciudad debió ser angustiosa en aquellos momentos, aportando interesantes datos que ilustran esta cuestión en su estudio sobre la sanidad en Talavera.

Se estima que el Ayuntamiento respondió con una cierta prontitud dados los precedentes de otros sitios, especialmente los de Madrid, ya que a partir del 2 de octubre se empezaron a adoptar una serie de acuerdos para que se extremasen las medidas de limpieza, higiene y salubridad, tanto a nivel particular como en lugares públicos.

Estas pautas se complementaron con la adquisición de camas, ropas y todo lo necesario para dotar al Hospital de Epidemias para la asistencia de los enfermos, así como de equipos de desinfección para los servicios sanitarios y las personas que entraban en la población procedentes de lugares sospechosos. Ante las carencias existentes, se tuvo que hacer un importante esfuerzo económico por la Corporación talaverana, complementando con fondos provinciales y con una suscripción pública para la adquisición del necesario material.

Además del aislamiento y la desinfección como medio de lucha contra una enfermedad infecciosa, se restringieron algunas actividades económicas, como los tradicionales mercados quincenales de ganado, que se reanudaron una vez que se dio por terminada la epidemia de gripe.

Otra línea de actuación se centró en la distribución de medicamentos y leche condensada para los enfermos de la Beneficencia, buscándose la solidaridad de todos, pues, dada la escasez de leche, se dispuso su supresión en bares y cafés para que no faltase a los más necesitados. Asimismo, es destacable la aportación de alimentos por particulares de la ciudad y la ayuda de las autoridades provinciales, como una partida de mil huevos que envió el Gobernador Civil.

Con independencia de los datos existentes, en la novela Tálbora, en la que tanto los personajes mencionados como las situaciones descritas son reales, Moisés de las Heras precisa la labor de los médicos durante la gripe de 1918, que nunca desfallecían por más que visitasen a los enfermos, citando expresamente a Don José F. Sanguino y a Don David Ortega.

El Dr. Fernández Sanguino, además de su labor como sanitario en la ciudad y lugares cercanos, tendría que supervisar a los pueblos del partido como Subdelegado de medicina. Se puede destacar la información del El Eco Toledano de 29 octubre acerca de su visita a Navamorcuende, Cervera y Gamonal, informando seguidamente del lamentable estado de miseria de estos pueblos para los que reclamaba auxilio.

Los tan necesarios medios personales y materiales no llegarían en muchas ocasiones, como se puede apreciar en la información del periódico mencionado del día 22 anterior, en la que se reproducía una nota de una distinguida personalidad de Talavera en la que se daba cuenta del estado verdaderamente trágico de algunos pueblos de la provincia, como Calera donde había más de mil personas enfermas con siete a doce defunciones diarias. Criticaba que el Gobernador, al igual que sucedía con Talavera, se limitaba a contestar que se le enviara diariamente el parte sanitario que confeccionaba el Subdelegado de medicina en base a los datos médicos de los profesionales sanitarios.

Por último, cabe destacar que el Ayuntamiento de Talavera de la Reina reconoció la labor de los profesionales que intervinieron en el control de la epidemia de gripe y recompensó con 250 ptas. a cada uno de los médicos titulares y al encargado del Hospital de Epidemias, así como con 75 ptas. a cada practicante titular, expresando públicamente la gratitud de la Corporación por el comportamiento de los sanitarios y lamentando que la situación económica del Ayuntamiento no permitiese una mayor recompensa. Esta retribución se vio complementada con una donación anónima de 1.500 pts. para su distribución entre los médicos y practicantes titulares.

A la vista de lo expuesto, sería conveniente tener presente las informaciones y datos recogidos en estos momentos en los que puede haber un segundo rebrote del coronavirus como sucedió con la gripe de 1918, así como recordar el esfuerzo de los sanitarios, que fue reconocido y recompensado entonces, y la necesidad de contar con instalaciones hospitalarias, medicinas y material apropiados, como se acaba de ver igualmente en la pandemia actual. En 1918 destaca la comprensión generalizada de las medidas implantadas por las autoridades, que contaron con el apoyo popular, tanto de los políticos de entonces sin distinciones como de los talaveranos, que mostraron de la misma manera su solidaridad en aquellos difíciles momentos.

Por último, cabe señalar que las consideraciones expuestas no cayeron en el olvido y El Castellano informó el 25 de abril de 1928 de un mitin sanitario en el Teatro Victoria de Talavera organizado por la Inspección provincial de Higiene, en el que el Subdelegado de medicina y médico forense del partido hizo una distinción entre enfermedades comunes y las infecto contagiosas. De estas últimas, el Dr. Fernández Sanguino señaló que eran fácilmente evitables si se ponían en práctica medidas preventivas y profilácticas recomendadas por la ciencia, siendo los medios para combatirlas el aislamiento, la desinfección y la vacuna, tema que sigue de actualidad.

Texto: Julio Fernández-Sanguino Fernández

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