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La orilla derecha

Delenda est Monarchia

Delenda est Monarchia
miércoles 05 de agosto de 2020, 09:06h

Siempre me he considerado republicano, lo que no impide que no considere a la Segunda República un paradigma de libertad y democracia, sino todo lo contrario. A pesar de esto, me produce perplejidad comprobar como las huestes de nuestra izquierda se han lanzado a refocilarse por la situación del rey emérito.

Manifiestan, una vez más, su capacidad para obviar los desafueros de los suyos y por el contrario ensañarse con los de quienes no comulgan con sus ruedas de molino.
No debemos olvidar que en el momento actual Juan Carlos de Borbón no se encuentra procesado ni imputado en ningún procedimiento, circunstancias estas que le permiten desplazarse libremente por cualquier lugar del globo, como todo ciudadano español sobre el que no pesa ninguna limitación judicial a sus derechos.

Sería una peligrosa ingenuidad no escandalizarse ante las noticias que nos presentan al anterior rey cómo a un personaje totalmente inmerso en actividades económicas poco claras y en comportamientos privados para los que se aprovechaba de su condición de Rey de España, pero esas conductas reprochables no son, ni mucho menos, patrimonio exclusivo de las monarquías. Sin irnos demasiado lejos, nuestro vecino del norte, ejemplo dónde los haya del republicanismo más puro, ha visto como en las últimas décadas varios presidentes de su república se han visto salpicados y condenados por diferentes casos de corrupción, hechos que no pueden servir para descalificar a la república como forma de Estado, al igual que tampoco puede ocurrirle a la monarquía por las actuaciones del Borbón.

La elección de una forma de Estado debe partir de una seria reflexión jurídico política y no de argumentos coyunturales que van más dirigidos a destruir un modelo de sociedad, que a solventar las normas que regulen la Jefatura del Estado.

Resulta irónico contemplar como quienes han surgido, han crecido y se han multiplicado en los pantanos pestilentes de las financiaciones poco claras y en la administración nada rigurosa del erario público se rasguen las vestiduras por las presuntas ilegalidades del emérito y le lapiden antes de que los tribunales se pronuncien.
La ley del embudo siempre es su ley: " Lo ancho para mi, lo estrecho para ti".

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