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“Gracias”, señor Gimeno

“Gracias”, señor Gimeno
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Nuevo duermevela 3.0

viernes 11 de junio de 2021, 11:49h

Tuve la suerte de conocer Güimar, una población costera al este de Tenerife, al acudir a una boda de un familiar, hace algunos años. Un sitio acogedor, donde terminamos celebrando un banquete a la caída de la noche, en las instalaciones del Club Náutico que allí se encuentra.

Ahora, esta población ha pasado a formar parte de la crónica negra de los crímenes más repulsivos cometidos en España. Alcàsser, Puerto Hurraco, Godella… Hemos de dar las “gracias” a Tomás Gimeno, padre de dos niñas de seis y un año. Olivia y Anna. Al escribir estas líneas acaba de ser descubierto el cadáver de la mayor, situándose la hipótesis más sólida en que el de la pequeña nunca aparecerá. Por todo ello, añado…

“Gracias”, señor Gimeno por pasar a engrosar la lista de los autores de uno de los crímenes más condenables que existen. Exterminar a la sangre de tu sangre. A tu propia descendencia.

“Gracias”, señor Gimeno, por conseguir el objetivo de arruinar la vida de su expareja, la de su propia familia y el haber tenido a un país entero en vilo confiando en que el débil hilo de la esperanza aguantara el peso de la angustia.

“Gracias”, señor Gimeno, en nombre de todos los padres que por una u otra cuestión se han separado de su pareja y, a partir de ahora, sufrirán las consecuencias tanto en los derechos de custodia como en el de las visitas. Les ha hecho un “gran favor” a esos padres que aman a sus hijos tanto como quienes los trajeron al mundo.

“Gracias”, señor Gimeno, por recordarnos que existen monstruos en nuestra especie, con apariencia humana pero con un corazón y una mente depredadores de sus propios vástagos.

“Gracias”, señor Gimeno, por inundar de tristeza nuestros corazones, vidriar nuestros ojos y, en muchos casos, activar nuestras glándulas lacrimales viendo a dos niñas felices en los vídeos que aportó su exmujer en el afán desesperado de conmoverle.

“Gracias”, señor Gimeno, por recordarnos que, una vez aparecido el cadáver de su hija Olivia, no se escapará de la Justicia. Espero que esté usted vivo y que antes o después caiga en la red de las fuerzas de seguridad. No le quiero muerto, señor Gimeno. Le quiero vivo. Fíjese bien: la vida es intocable. Hasta para usted. Por supuesto sabe que le caería sin reparo una condena de prisión permanente revisable. Sin duda alguna.

“Gracias”, señor Gimeno, por obligarnos a elucubrar sobre cuáles fueron las últimas palabras de su hija mayor. Un “¿dónde vamos, papá?” o un “tengo hambre, papá” o cualquier otra frase de una niña que se siente protegida y no vislumbra ni de lejos lo que le va a suceder. ¿Y qué decir de Anna? Un añito. Sus primeras palabras, sus primeros pasos. No le ha permitido usted ni siquiera el que llegara a tener recuerdos.

En definitiva. “Gracias”, señor Gimeno, por escribir en mayúsculas uno de los episodios más vergonzosos, truculentos, crueles y desalmados de la España negra y profunda. También por manchar el nombre del pueblo de Güímar, del que, pese a usted, siempre guardaré una bella estampa.

Y acabo. “Gracias”, señor Gimeno, por demostrar fehacientemente que existen personas que superan el calificativo de “hijo de la grandísima”.

Con la expresa petición de que su madre me perdone aunque supongo ella entenderá que no es en sentido peyorativo.

Hasta pronto o hasta nunca, “presunto” asesino.

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