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TALAVERA

Un exorcista testifica en el juicio del cura acusado de abusar de una menor

Un sacerdote de Talavera de la Reina llega a la Audiencia Provincial de Toledo
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Un sacerdote de Talavera de la Reina llega a la Audiencia Provincial de Toledo (Foto: EUROPA PRESS / ISABEL INFANTES)

El religioso que trabajó con la menor ha defendido en el juicio la utilidad de los exorcismos

miércoles 30 de junio de 2021, 18:59h

El juicio contra un cura acusado de abusar repetidamente de una menor en Talavera de la Reina y para el que la Fiscalía pide un total de 17 años de prisión -22 por parte de la acusación- continúa a puerta cerrada en la Audiencia Provincial de Toledo con una sesión que ha estado protagonizada por la declaración del exorcista que intervino a la víctima.

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Según han precisado fuentes jurídicas presentes en la sala a Europa Press, este miércoles, en lo que ha sido la penúltima sesión del juicio, han participado testigos aportados por la parte del acusado, además de peritos y forenses, como paso previo a una última vista a celebrar este jueves que dejará el juicio visto para sentencia.

El exorcista que trabajó con la menor ha defendido en el juicio la utilidad de los exorcismos, tal y como apuntan estas fuentes.

Para este jueves, la previsión es que pasen por la sala más testimonios entre periciales y testificales.

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JUICIO A PUERTA CERRADA

Este martes comenzaba a puerta cerrada en la Audiencia Provincial de Toledo el juicio contra el sacerdote de Talavera de la Reina (Toledo) acusado de un delito continuado de agresiones sexuales y contra la integridad moral de una menor, durante los años en los que ejerció como su director espiritual, por el que el Ministerio Fiscal solicita 17 años y la acusación particular 22 años de prisión.

Se intenta demostrar en el juicio unos hechos que ocurrieron en el curso escolar 2010-2011, cuando la menor contaba con 14 años de edad, prolongándose durante los cuatro años siguientes. En enero de 2011, el sacerdote estando en el despacho parroquial a solas con la joven durante las charlas que mantenían cada quince días, le pidió un beso, a lo que ella se negó, pero el acusado "la besó, le quitó el sujetador y le tocó los pechos" mientras ella lloraba y, a continuación, le dio una bofetada y la llamó "puta", le pidió perdón y le dio un abrazo.

Desde esa fecha hasta junio de 2013, el acusado repitió esa conducta, siempre según el escrito del fiscal, cuando se encontraban a solas -siempre cerraba la puerta del despacho- quitándole el sujetador y realizando "tocamientos lascivos sobre su cuerpo desnudo se lo chupaba". En ese espacio temporal se sucedieron episodios similares e incluso el sacerdote obligó a la joven a realizarle varias felaciones e indicando a la menor que si lo contaba nadie la iba a creer.

Cuando la joven dejó el colegio para entrar en la Universidad, empezaron a "aflorar sus patologías psiquiátricas", según el escrito del Fiscal, con un primer diagnóstico de trastorno de conducta alimentaria, teniendo lugar su primer ingreso clínico, durante el que recibió la visita del acusado, que le dijo que si contaba algo "la mataba". Seguidamente en el tiempo la llevaron a otro centro médico, donde estuvo ingresada, volviendo al domicilio familiar cuando le dieron un permiso médico, según el Fiscal.

EXORCISMO

Una vez allí la madre, "de forma velada y con una excusa aparente", logró llevarla a la casa del sacerdote -con quien mantenía una relación sentimental- para que le practicara un exorcismo, ya que le dijeron que estaba enferma "porque tenía un demonio dentro". El sacerdote, ese día y en presencia de la progenitora, le realizó varias preguntas relacionadas con temas sexuales y a continuación tocó varias parte de su cuerpo, pero ninguna íntima, y le metió el dedo en la nariz y la boca con óleo sagrado.

Al día siguiente, el sacerdote se citó a solas con la joven, con el pretexto de continuar el exorcismo que le habían practicado el día anterior, momento en el que se volvió a producir un abuso sexual. Estas conductas y hechos se volvieron a reproducir en el tiempo hasta que la joven ingresó de nuevo en un centro hospitalario a consecuencia de las patologías psiquiátricas que padecía. El acusado, en los encuentros que mantenían, pegaba a la joven -incluso llegó a darle una paliza por la que tuvo que ser ingresada- y le decía que nadie la iba a querer.

La víctima está diagnosticada de un trastorno por estrés postraumático, anorexia nerviosa compulsiva-purgativa y trastorno de la inestabilidad emocional de la personalidad tipo límite.

El Fiscal pide 15 años por el delito continuado de agresiones sexuales y dos más por el delito contra la integridad moral, además de la inhabilitación para ejercer cualquier profesión u oficio que conlleve el contacto regular con menores de edad. Igualmente, solicita que se le imponga la pena de libertad vigilada por tiempo de diez años, y la prohibición de comunicarse por cualquier medio con la víctima, y de aproximarse a menos de 300 metros de ella o cualquier lugar donde esté durante 20 años. Además, deberá indemnizarla con 50.000 euros por los daños morales sufridos.

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