En Talavera de la Reina tenemos algunas costumbres llamativas, como la de pegarle un tortazo en la frente al “Santo de las bofetadas” en la Basílica del Prado y después rozarle suavemente la mano, para encontrar pareja. Otras son más frecuentes, pero pasan desapercibidas, entre ellas la sana y muy talaverana costumbre de “echarse las puertas a fuera”. Esto nos sirve de distracción y santo remedio para cualquier enfermedad o pena.
Nuestra jota, “entro por la Puerta Cuartos, salgo por la Corredera y en menos de un cuarto de hora, me recorro Talavera”, cada uno la ejecuta a su manera. Algunos optan por jugar a la petanca. La mayoría practican la barra del bar. Los saludables pasean por la ruta del colesterol. Es casi precepto religioso acudir al mercadillo todos los miércoles. Sea como fuere, “echarnos las puertas a fuera” nos encanta a los talaveranos y es parte de nuestra seña de identidad.
Las costumbres que tienen que ver con la sociabilidad son las más arraigadas en nuestra ciudad, y como consecuencia de esto, reconozcámoslo, la necesidad de aparentar (hoy llamada postureo). No obstante, hay extrañas costumbres talaveranas perdidas y olvidadas. Gracias a la Encuesta del Ateneo de Madrid (1901-1902) han llegado hasta nuestros días y podemos conocerlas, aunque no deben ser juzgadas bajo el prisma de nuestro contexto social actual.
RESPUESTAS DE TALAVERA DE LA REINA A LA ENCUESTA DEL ATENEO DE MADRID (1901-1902)
El Ateneo de Madrid se creó en el año 1835 bajo la protección de la reina María Cristina. Heredera del Ateneo Español, esta institución privada de carácter científico y cultural, tenía como misión principal propagar las luces y procurar el acceso de la población a la educación.
Entre los años 1901 y 1902 se llevó a cabo la primera gran encuesta nacional sobre costumbres y tradiciones en todo el territorio español. Se distribuyó un cuestionario entre profesionales de diferentes ámbitos por municipios de todas las provincias, preguntando sobre aspectos relacionados con la agricultura, la alimentación, la indumentaria, las costumbres, etc. con la intención de obtener datos para llevar a cabo un proyecto de modernización del país.
Se desconoce el número total de fichas originales contestadas al cuestionario. En la actualidad se conservan 17.300 fichas en el Museo Nacional de Antropología. Las fichas correspondientes a las respuestas de Talavera de la Reina, son sólo seis, más una contestada conjuntamente con Torrijos sobre la asistencia al parto. En ellas se informaba de lo siguiente:
- Vaticinio del sexo del bebé: “suponen que siendo en martes el parto, el nacido será niño. En el resto de la semana creen que se puede parir indistintamente niño o niña”
- Sobre la asistencia al parto: “por mujeres sin título, se llama al médico sólo en casos graves”
-Tratamiento de la parturienta: “mudan a la parturienta y lavan por fuera los órganos genitales, después que ha terminado el parto; la fajan y ponen además un pañuelo a la criatura, con el nudo en el estómago”
-El nombre del nacido: “ponen indistintamente el nombre de los padres o padrinos”
-Hijos ilegítimos: “cuando alguna soltera ha tenido ayuntamiento carnal con varón, acostumbra a ofrecer una vela a una imagen: para ello, van descalzas y sin acompañamiento a las doce de la noche, con el objeto de no conseguir la fecundidad. Cuando nace algún hijo ilegítimo, se le bautiza sin solemnidad, y son padrinos personas de la familia de la madre”
- Consideración de la virginidad: “las mujeres que han perdido su virginidad se casan con facilidad; pero generalmente declaran a su futuro el estado en el que se hayan”
-Matrimonio: “son frecuentes los enlaces entre primos y demás parientes”
¿PARA QUÉ SIRVEN LAS COSTUMBRES SOCIALES?
Las costumbres sociales son prácticas y comportamientos compartidos por un grupo. Constituyen la base de la identidad de una comunidad (el hábito hace al monje). También actúan como mecanismo de control que ayuda a mantener el orden social, mediante el rumor y la crítica de aquellas prácticas individuales que se desvían de ellas.
En ocasiones, las costumbres pueden ser fuente de conflicto social cuando entran en competencia con los valores y derechos de un individuo o de un colectivo concreto, siendo a veces la lucha por su extinción, un potente motor de cambio histórico.
De cualquier forma, las costumbres son pautas o comportamientos estandarizados que nos pueden ayudar a actuar de manera correcta dentro de la sociedad, sin quebrarnos mucho la cabeza. Son maneras automáticas que hemos adquirido por el simple hecho de pertenecer a un grupo, y que nos van dirigiendo hacia aquellas formas de vida que nuestra comunidad considera más adecuadas.
Lo anteriormente referido no quiere decir que no sea recomendable que estas costumbres se revisen y vayan cambiando, pues si no lo hicieran, viviríamos en la oscuridad de los tiempos. Pero antes de erradicarlas por completo, tengamos en cuenta que, cuando el Ateneo de Madrid se propuso propagar las luces, quiso hacerlo desde su conocimiento profundo, y no desde el juicio superficial y ligero.
Comprender cómo vivían nuestros antepasados talaveranos y ver cómo hemos cambiado, nos da una idea de lo mucho que vamos avanzando como sociedad, porque “la única costumbre que hay que enseñar a los niños, es que no se sometan a ninguna “(Jean Jacques Rousseau. El Contrato Social 1792).