España encara uno de los mayores desafíos demográficos de su historia. Aunque la situación actual todavía es relativamente favorable en comparación con otros países europeos, las proyecciones de la Comisión Europea apuntan a un cambio de escenario sin precedentes: ningún otro Estado miembro envejecerá tan rápido como España hasta 2050.
En la actualidad, el país registra 36 personas de 66 años o más por cada 100 habitantes en edad de trabajar (entre 20 y 65 años), una ratio que sitúa a España como el séptimo país de la Unión Europea con mejores perspectivas. Sin embargo, ese equilibrio desaparecerá en apenas un cuarto de siglo.
Según las estimaciones comunitarias, la tasa de dependencia aumentará en 29 puntos hasta 2050, prácticamente el doble de la actual. Este incremento hará que España pase de ocupar una posición relativamente cómoda a convertirse en el cuarto país de la UE con peor relación entre población jubilada y población activa.
EL IMPACTO DEL BABY BOOM
El principal factor detrás de este cambio es el progresivo acceso a la jubilación de la generación del baby boom, una cohorte especialmente numerosa que actualmente se concentra en edades próximas al retiro. La rápida transición demográfica española, marcada por un fuerte descenso de la natalidad desde finales de los años setenta, ha creado una pirámide poblacional cada vez más desequilibrada.
España pasó de registrar cerca de 700.000 nacimientos anuales hasta mediados de la década de 1970 a menos de 350.000 en los años noventa. En apenas quince años, el número de nacimientos se redujo a la mitad, dejando un relevo generacional insuficiente para compensar el aumento de la población mayor.
DIEZ PROVINCIAS, EN SITUACIÓN CRÍTICA
Las consecuencias serán especialmente severas en parte del interior y el noroeste peninsular. España concentrará diez de las cincuenta regiones europeas (NUTS3) con peores perspectivas demográficas, todas ellas con una tasa de dependencia superior a 80 personas mayores de 65 años por cada 100 habitantes en edad laboral.
Las provincias más afectadas serán Zamora, León, Ourense, Asturias, Salamanca, Lugo, Cáceres, Ávila, Palencia y Pontevedra.
Los casos de León y Zamora destacan por su gravedad. La Comisión Europea prevé que en 2050 ambas provincias tengan más personas en edad de jubilación que trabajadores potenciales, una situación prácticamente inédita en Europa. En León, además, la tasa de dependencia aumentará cerca de 50 puntos en apenas 25 años, uno de los mayores incrementos registrados en toda la Unión Europea.
UN RETO PARA LA SEGURIDAD SOCIAL Y LA ACTIVIDAD ECONÓMICA
El envejecimiento acelerado pondrá bajo presión las cuentas de la Seguridad Social, pero las consecuencias irán mucho más allá del sistema de pensiones. Las provincias más afectadas deberán afrontar dificultades para mantener una actividad económica suficiente y garantizar la prestación de servicios esenciales.
Con más de la mitad de la población en situación de dependencia, la disponibilidad de trabajadores para sostener la sanidad, la educación, los cuidados de larga duración o incluso servicios básicos municipales será cada vez más limitada. El reto, por tanto, no será únicamente financiero, sino también territorial y social, especialmente en las áreas rurales amenazadas por la despoblación.
QUINCE PROVINCIAS ENTRE LAS QUE MÁS EMPEORARÁN DE EUROPA
El deterioro no se limitará a las provincias que ya presentan un fuerte envejecimiento. España situará quince territorios entre los cincuenta europeos donde más crecerá la tasa de dependencia hasta 2050.
La lista está encabezada por León y Zamora, seguidas de Cáceres, Asturias, Pontevedra, Ciudad Real, Salamanca, Jaén, Ávila, Valladolid, Albacete, Badajoz, Cantabria, Córdoba y Segovia.
En términos generales, las provincias que ya parten de una población más envejecida son también las que experimentarán un mayor deterioro. Sin embargo, el caso español presenta una singularidad: prácticamente todas las provincias sufrirán un fuerte aumento del envejecimiento, independientemente de su situación actual.
Así, territorios con perfiles demográficos muy distintos, como Ourense y Guadalajara, registrarán incrementos similares de la tasa de dependencia, cercanos a los 35 puntos porcentuales.
BARCELONA, LA EXCEPCIÓN
Dentro de este panorama, Barcelona constituye una de las pocas excepciones. La provincia presenta una evolución mejor de la que cabría esperar por su punto de partida, gracias a la llegada continuada de población inmigrante, tanto procedente del extranjero como del resto de España.
No obstante, ni siquiera las provincias que albergan las grandes áreas metropolitanas lograrán escapar completamente del proceso de envejecimiento. La intensidad de la transición demográfica española hará que el aumento de la población mayor sea un fenómeno generalizado en todo el territorio nacional.
Las proyecciones dibujan así un escenario en el que el envejecimiento dejará de ser un problema localizado para convertirse en uno de los principales desafíos económicos, sociales y territoriales de España durante las próximas décadas.