Las rabietas en los pequeños
Las rabietas son necesarias, y debemos aprender a trabajarlas
martes 04 de noviembre de 2014, 05:50h
Hace unos días en una intervención con amigos y colegas de profesión, hablábamos sobre las rabietas de los peques de la casa, y sobre la necesidad de ayudar a los padres y madres a trabajarlas, y ahí teníamos claro una cosa entre todos, las rabietas son necesarias, y debemos aprender a trabajarlas.
Para empezar debemos ver o entender que es una rabieta, donde se puede decir que la rabieta es la respuesta de un pequeño, o no tan pequeño, ante la negación o el no logro de aquello que quiere conseguir. Es una respuesta lógica de frustración ante la necesidad no cubierta. En otras palabras, es lo que un pequeño o pequeña hace cuando no consigue lo que quiere en ese momento.
Una rabieta puede darse hasta jóvenes de 18 años, si en su proceso de educación no ha aprendido sobre la frustración de no conseguir siempre lo que desea o quiere. Por eso es importante trabajar la frustración en los menores, y que aprendan de ella.
Una rabieta va desde un simple llanto o pegar voces, hasta respuestas más agresivas como puñetazos o patadas a las puertas, a los muebles, e incluso a sus padres, madres, hermanos o abuelos. Y que varía según la capacidad de vergüenza o de agresividad del pequeño. Y nunca hemos de verlo como una conducta mala o reprobable, sino como una oportunidad de educación.
¿Qué debemos hacer?, preguntas de padres y madres, primero no perder la calma, ya que si el pequeño/a, ve que nos pone nerviosos esa situación, ya está ganando media batalla, pues está consiguiendo parte del botín, que es que nosotros nos sintamos mal, y a disgusto, para que le demos lo que quiere. Entender que no pasa nada malo, que el niño o niña quiere algo, y no se lo damos, y por eso se comporta así. Además, aunque nuestras posibilidades pueda hacer de darle lo que pide, no bajar la guardia, y dárselo, pues en ese instante, acabamos de dar más importancia a la rabieta, ya que será su respuesta ante nuestra negación en el futuro.
Dejarle que se valla calmando, y ofrecer alternativas a lo que está pasando, como “anda levántate y vamos a ver que hace papa”, algo que distraiga la atención puesta en lo que quiere conseguir, para que el mismo vaya bajando la intensidad de la propia rabieta, así como que ofreciéndoles salidas, y preocuparnos por él. Durante el proceso, también recordarle, siempre en tono neutral, sin acritud, que no puede hacer eso, o no puede comer eso, convirtiéndolas en positivo “no puedes comer más chuches, ya que llevas cinco y te dolerá la tripa luego”, o “sabes que podrás jugar si te tranquilizas, pero antes debemos comer”, dando importancia a su acción, pero no dándole lo que él pretende, y en cierto modo hacerle partícipe de su solución o frustración.
Nunca debemos tener prisa para que se pasen las rabietas, que como dije antes es una buena forma de educar la frustración. Nosotros en nuestra vida cotidiana hemos aprendido a que no podemos tener todo, como puede ser la novia de mis sueños, el coche de mis sueños, el trabajo, etc., y eso lo hemos ido aprendiendo con el tiempo, a base de sentir frustración, pero nunca tenemos rabietas con respecto a ello, y no es por ser mayores, sino porque hemos aprendido a ello.
Cuando nosotros de mayores nos frustramos, tenemos unos momentos de duelos, de rabia, de impotencia, que hemos aprendido socialmente a disiparlos, con otra acciones, con el deporte, con otros pensamientos, o simplemente comentándolos entre amigos y familiares, y asumiendo que no será posible. Nuestros peques no han aprendido eso todavía, y es necesario que les ayudemos a aprenderlo, ya que su forma de expresas la furia, su rabia e ira, son siendo agresivos, pegando, chillando, en definitiva, con una rabieta.
¿Cómo prevenirlas?, además de que creo que son necesarias, y que son imprescindibles en la evolución de la educación, y que todos hemos pasado por ellas, prevenirlas es “sencillo”, y haría falta de estar con nuestro pequeños o pequeña desde su nacimiento, casi todas las horas del día, para poder tener unos vínculos comunicativos especiales.
Pero a modo de consejo, y para ir terminando, las rabietas se consiguen prevenir, cuando vamos poniendo límites a los pequeños en su adaptación a la vida, y vamos estructurando su día a día, con horarios, con acciones, con compromisos por su parte, y que hace que entienda que las limitaciones y las normas son necesarias, para una vida ordenada. Número de horas de dibujos animados, número de horas de juegos, número de horas de juego con sus progenitores, cuando puede comer dulces o chuches, si son premio de algo, o costumbre, etc. Donde podrán aparecer pequeñas rabietas, pero que se irán calmando, con nuestra voluntad de seguir marcando el camino y los horarios.