Asistir como figurante a una fiesta en una azotea de un bello edificio de Talavera es una experiencia que merece la pena ser contada.
Participo como figurante en el cortometraje que llevarán a la pantalla el director Álex Niveiro y el cámara Gabriel Escobar, responsables del guión junto a los alumnos de la Escuela de Teatro y Cine Joaquín Benito de Lucas.
El pasado 4 de junio se reunió a un grupo de participantes siguiendo una determinada norma de vestuario para una fiesta: atuendos en tonos beige, verde y blanco para los hombres, y vestidos, blusas y accesorios para las mujeres. A la hora fijada nos encontramos para subir a la terraza del edificio.
Nos presentamos por nuestros nombres y surge el contacto con las otras personas. Escuchamos al director dando las instrucciones para la toma. Somos unos veinte figurantes en una terraza iluminada con luces tenues blancas y rosadas, mientras la noche cae sobre la ciudad. Casi todos se conocían por haber asistido a otros rodajes o por ser de Talavera; amigos que compartían escena y copa de vino. Algunos estaban sentados en torno a mesas distribuidas por la terraza y otros permanecían de pie para ocupar el plano.
El adjunto de dirección y los operadores de cámara eran jóvenes de la escuela que, con sus camisetas negras, marcaban el ritmo de la escena para los figurantes. Todo un ballet en la puesta en escena para que la cámara de Gabriel Escobar captase el momento que Álex Niveiro tenía en su cabeza.
Tras un par de ensayos con la interpretación de los actores principales, un alumno marcó la escena con la claqueta. Acción. El director anunció el final de la toma y de nuestra colaboración. Habíamos terminado.
Después de tres horas de trabajo es posible que la escena no llegue al minuto en pantalla. El equipo de figuración se retiró satisfecho hasta una nueva convocatoria. Aplausos.
La experiencia de colaborar en proyectos como este resulta fundamental para que surjan nuevos creadores. Tiene que existir un impulso, y parte de ese movimiento lo generan personas que han descubierto su afición por la interpretación. Los vemos representando papeles en cada pueblo, participando en las obras que se montan durante las fiestas patronales.
En Castilla-La Mancha, la interpretación parece algo innato. Corrales de comedias, teatros en cada ciudad, escuelas públicas y privadas y una formación cada vez más avanzada convierten a nuestra región en una auténtica fábrica de talento.
La industria cultural adquiere un importante protagonismo gracias al esfuerzo constante de quienes nacen y desarrollan aquí su creatividad, sembrando talento colectivo en cada acción grupal desde edades tempranas, en consonancia con el folclore y las tradiciones de cada localidad.
Se trata de un patrimonio cultural intangible que se transmite de generación en generación, actualizando los géneros líricos y artísticos, desde las agrupaciones más tradicionales hasta la danza, el baile o el teatro al aire libre. Son expresiones propias que deben conservarse por su importante función cultural y social.
Con alumnos llenos de ganas e ideas, directores y profesionales cualificados, formación tecnológica avanzada y espacios alternativos donde interpretar sus obras; con la experiencia de sonidistas, cámaras, script, productores, directores, actores, especialistas en iluminación, realización, montaje, publicidad y promoción, se conforma un equipo humano que trabaja para sacar adelante proyectos a los que el público termina dando valor.
Esperemos que “Verano de amor en Talavera” sirva para dar a conocer la ciudad y enamore a quienes la vean.
