Hoy es un día profundamente triste para mi ciudad, Talavera de la Reina. Hoy nos hemos despertado con una noticia que ha encogido el corazón de muchos: el fallecimiento de Don Antonio. Un sacerdote que no solo fue cura, sino maestro, guía, compañía y recuerdo vivo para generaciones enteras de talaveranos.
Don Antonio fue profesor, catequista y referente para muchos de nosotros. Otros simplemente lo conocieron por verlo pasear, con paso tranquilo y mirada serena, por las calles de nuestra ciudad. Pero, de una forma u otra, todos sabíamos quién era. Todos sentíamos que formaba parte de Talavera.
Yo tuve el honor de ser alumna suya en catequesis, y guardo esos recuerdos con un cariño inmenso. Recuerdo especialmente los viernes, cuando acudía a sus clases para la confirmación. Siempre quería estar con él, porque Don Antonio tenía algo especial: una cercanía auténtica, una forma de tratarte que te hacía sentir importante, escuchado, querido.
Tenía una memoria casi mágica. Se acordaba de sus alumnos, de nuestros nombres, de nuestras historias. Y cuando te encontraba por la calle, siempre se detenía. Te preguntaba cómo estabas, cómo estaba tu familia, cómo te iba la vida. No pasaba de largo. Nunca fue indiferente. Siempre fue humano.
Por eso muchos le llamábamos, con todo el cariño del mundo, “sonrisa eterna”. Porque siempre tenía una palabra amable, un gesto sencillo, una sonrisa sincera que iluminaba el día.
Nunca olvidaré sus paseos por los Jardines del Prado. Daba igual que fuera verano o invierno, allí estaba Don Antonio, con su sotana, formando parte del paisaje cotidiano de Talavera. Hoy esos jardines, como tantas calles de nuestra ciudad, se sienten más vacíos. Falta su presencia. Falta su figura. Falta esa sensación de hogar que transmitía sin esfuerzo.
Hoy Talavera llora, pero también agradece. Agradece haber tenido a alguien como él. Agradece su entrega, su cercanía y su forma tan bonita de estar en el mundo.
Descanse en paz, Don Antonio. Siempre vivirá en nuestros recuerdos, en nuestra memoria colectiva y, al menos en mi caso, siempre en mi corazón.
Hoy Talavera guarda silencio,
porque tu paso ya no suena en sus calles.
Los Jardines del Prado te buscan
y la brisa susurra tu nombre.
Te fuiste despacio,
como viviste,
dejando luz en cada recuerdo
y paz en cada corazón.
Fuiste palabra sincera,
mirada cercana,
sonrisa eterna que enseñó
a creer, a amar, a acompañar.
Hoy no decimos adiós,
porque quien deja huella
no se marcha nunca.
Se queda en la memoria,
en la fe,
en el amor que sembró sin ruido.
Descansa en paz, Don Antonio.
Talavera te llora,
pero también te da las gracias.
Y mientras exista un recuerdo,
seguirás caminando con nosotros.