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Una estampa talaverana: “El Estanque de los Patos”, publicada en el Heraldo de Talavera (1929)

Una estampa talaverana: “El Estanque de los Patos”, publicada en el Heraldo de Talavera (1929)
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Escrito por Ana María Castillo Pinero

sábado 31 de enero de 2026, 11:00h

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Los Jardines del Prado de Talavera de la Reina forman parte de su identidad. Cualquier intervención sobre ellos suscita polémica, porque entre las raíces de sus árboles, se esconden símbolos de nuestra ciudadanía. Nacieron a principios del siglo XX como consecuencia del espíritu de progreso, cuya carta de presentación era la sociabilidad, el ocio y la búsqueda del refinamiento. No podía faltar en este escenario modernista, un periódico como el Heraldo de Talavera (1928-1931), semanario independiente de nuestra hemeroteca histórica.

LOS JARDINES DEL PRADO, LUGAR EMBLEMÁTICO DE TALAVERA DE LA REINA

Los espacios, además de sus características físicas, están dotados de un alma que los convierte en espacios vividos. Un lugar emblemático es aquel que lleva asociada una gran carga simbólica. Aquí juega un papel importante la empatía estética, es decir, los elementos decorativos que resultan atractivos para el ciudadano. A veces decimos del amor que es “a primera vista”, por lo que la “estampa” de un lugar puede llevarnos a experimentar topofilia o topofobia.

Los Jardines del Prado se asientan sobre el terreno que conectaba la ciudad con la Ermita del Prado, comenzando en el siglo XVIII un proyecto para convertirlo en un área de ocio. Entre 1924 y 1928 se gestó la configuración de los entonces llamados Jardines de Alfonso XIII.

Las tendencias artísticas de finales del siglo XIX tuvieron influencia en la jardinería. La burguesía emergente en las ciudades quiso emular aquellos jardines afrancesados que hasta entonces eran privilegio exclusivo de la aristocracia, y aparecieron los jardines públicos. En este viaje hacia el refinamiento, se contaba con la presencia de aves exóticas, animales salvajes traídos del paraíso y elementos arquitectónicos del neoclasicismo, espejismo de culturas lejanas. Todo esto, al estilo del romanticismo, se acompañaba de un marco vegetal exuberante, del elemento agua y por supuesto, de la música.

Sin más finalidad que el ocio y la sociabilidad, se crearon los Jardines del Prado en Talavera, con su fabulosa fuente de las ranas, sus bancos decorados, su estanque de los patos, sus jaulas de animales, su plaza del laurel, su mezquita, su puerta monumental de triple arco y su kiosco de la música. Al fondo, la Ermita del Prado y la Caprichosa, con recuerdo del fatídico día en el que murió Joselito en la arena del ruedo. Algunos artífices de esta estampa talaverana fueron los ceramistas Francisco Arroyo y Juan Ruiz de Luna, y el alcalde Justiniano López Brea.

Historia y religión, drama y toros, tertulias y paseos, progreso y mucha cerámica, flores coloridas y animales selváticos… fue flechazo instantáneo entre los talaveranos y los Jardines del Prado. El uso, la convivencia y el tiempo, lo convirtieron en un lugar, no sólo de esparcimiento, sino en emblema de la ciudad. Desde el año 2019 están considerados Bien de Interés Cultural.

UNA ESTAMPA TALAVERANA “EL ESTANQUE DE LOS PATOS” (HERALDO DE TALAVERA 1929)

Una ciudad ilustrada y moderna debía tener su periódico, y con esta vocación comenzó a editarse en la imprenta de Rafael Gómez Menor, en 1.928, el Heraldo de Talavera, un semanario independiente que publicaba noticias, artículos de opinión y acontecimientos de la vida cotidiana.

La prensa local cumplía varias funciones: entretener, informar, acercar la cultura, y fomentar el pensamiento crítico en el lector. En el Heraldo encontramos una columna titulada “Estampas Talaveranas”, de la pluma de Julio Fernandez-Sanguino, uno de sus fundadores. En ella aparecen ilustraciones comentadas de Talavera, a través de las cuales se denunciaban hechos, y se invitaba a la reflexión.

La estampa talaverana correspondiente a la publicación del sábado 6 de julio de 1.929, lleva por título “El Estanque de los Patos”, y su final dice así:

“En el parque hay dos jaulas para otros seres irracionales. Pájaros y monos. En la primera casi nadie se detiene (…) En cambio, en el otro alojamiento, se celebran amplia y numerosamente las gracias de los recluidos.

Gansos y monos. Simbolizáis fatuidad y astucia. Y la gente os rinde pleitesía. Pajarillos de trinos armoniosos y dulces. Significáis candor, belleza del alma. Y la gente os abandona. Como en la vida también”

Las palabras de Julio Fernandez-Sanguino, resultaron proféticas, viendo lo difícil que parece cien años después escuchar el canto de los pájaros, y lo fácil que resulta encontrar un coro de redes sociales alentando a los babuinos. Será que la sociedad es así. Gracias a Dios, a los talaveranos siempre nos quedará nuestra prensa, y poder refugiarnos en un paraíso imaginario, junto al Estanque de los Patos.

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