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JUBILACIÓN

Una vida dedicada a cuidar sonrisas

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Carta homenaje para Marisa Méndez

sábado 31 de enero de 2026, 20:00h
Actualizado el: 31 de enero de 2026, 20:08h

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Hoy, sábado 31, en Talavera se reúnen para celebrar la jubilación de Marisa Méndez, una profesional y una persona profundamente querida. En el día de su fiesta de jubilación, desde La Voz del Tajo queremos sumarnos al reconocimiento y al cariño colectivo que hoy la envuelve. Y lo hacemos dando voz a un gesto especialmente emotivo: la carta que su hija le ha escrito, un texto que recoge no sólo una trayectoria profesional ejemplar, sino también una vida de esfuerzo, valores y amor incondicional.

CARTA HOMENAJE PARA MARISA MÉNDEZ

"Hay trayectorias que se miden en años, y otras que se miden en huella. La de Marisa Méndez pertenece, sin duda, a esas historias que trascienden el tiempo porque no solo hablan de logros profesionales, sino de valores, de entrega y de una forma de estar en la vida que deja marca en quienes la rodean.

Marisa se jubila, y podría parecer que se cierra una etapa. Sin embargo, lo que realmente ocurre es todo lo contrario: se consolida un legado. Porque la clínica que fundó, el proyecto que levantó con esfuerzo y visión, continúa. Su trabajo no termina: permanece. En cada paciente que confía, en cada tratamiento realizado con excelencia, en cada persona que entra por esa puerta sabiendo que será cuidada con profesionalidad y humanidad.

Desde sus primeros pasos, Marisa ya apuntaba maneras de grandeza. Fue la número uno de su promoción, reflejo no solo de su capacidad intelectual, sino de un compromiso incuestionable con el estudio, el rigor y la perfección clínica. Su talento fue tan evidente que incluso antes de terminar la carrera ya fue contratada como profesora, acompañando y formando a otros cuando ella misma todavía estaba completando su etapa académica. Más tarde culminó su carrera con el doctorado, convirtiéndose en un referente profesional, sólido y respetado.

Impulsada por la vocación, pero también por la valentía de construir algo propio, Marisa fundó su clínica en Talavera, ampliando más adelante su proyecto a otras clínicas en pueblos cercanos. No buscaba simplemente crecer: buscaba acercar la mejor odontología posible a más personas, con el nivel de exigencia que la define y con una calidez que la convierte en inolvidable.

La vida, sin embargo, quiso ponerla a prueba. Marisa emigró a Argentina y abrió allí otra clínica, comenzando una nueva etapa lejos de casa, demostrando una vez más su espíritu luchador. Pero las circunstancias cambiaron: la decadencia del entorno, el contexto difícil y los golpes del destino la obligaron a volver a España. Regresó con pérdidas enormes, prácticamente desde cero. Y lo hizo con dos hijos a su cargo, a quienes ha dado todas las posibilidades, demostrando no solo ser una gran odontóloga, sino una madre inmensa. En un momento en el que el apoyo personal no acompañó como debería, Marisa hizo lo que siempre ha hecho: seguir adelante.

Y es aquí donde su historia se convierte en inspiración. Porque le ha tocado hacer de todo, dentro y fuera de la odontología. Lo que otros llaman sacrificio, ella lo convirtió en deber. Lo que muchos no habrían soportado, ella lo sostuvo.

Durante 40 años trabajó de sol a sol, sin horarios, sin descanso, dando más de lo que tenía. Su clínica no se levantó con suerte: se levantó con trabajo real, con esfuerzo silencioso, con determinación y con un corazón enorme.

Hoy, la clínica funciona, es sólida y es exitosa. Y lo más importante: es querida. Porque Marisa no solo ha trabajado bien: ha tratado bien. Ha cuidado. Ha escuchado. Ha acompañado. Ha devuelto sonrisas en todos los sentidos. Por eso, no sorprende que todo el mundo la quiera: compañeros, pacientes, familias enteras que han crecido con ella como profesional y como figura cercana y confiable.

En esta etapa de jubilación, Marisa se lleva algo que no se compra ni se enseña: el cariño verdadero. El cariño de su equipo actual, que ha tenido la suerte de compartir el día a día con ella; y también el de quienes ya no están en la clínica, pero siguen sintiéndola como parte de su historia profesional y personal. El cariño de sus pacientes, que no la recuerdan solo como odontóloga, sino como alguien que les transmitió confianza en momentos difíciles, que les cuidó con una humanidad poco común y que supo estar cuando más lo necesitaban.

Y también se lleva algo aún más valioso: la libertad de vivir lo que durante décadas dejó para después. Porque si hay algo que define a Marisa, además de su constancia, es su alegría. Le encanta viajar, reír, disfrutar, compartir mesa y comer bien. Marisa sabe celebrar la vida. Y ahora, con la jubilación, llega por fin el momento de recuperar el tiempo: el tiempo que durante 40 años no tuvo, porque la responsabilidad y el trabajo ocuparon cada rincón de sus días.

Ahora llega su etapa. La que se ha ganado a pulso. Marisa, esta jubilación no es un final: es un premio. Gracias por tu ejemplo, por tu trabajo impecable y por tu calidad humana. Gracias por la historia que has construido y por el camino que has abierto para otros. Te queremos —te quiere tu equipo, los que siguen y los que estuvieron, y te quieren tus pacientes— porque eres de esas personas irrepetibles: brillantes, luchadoras, buenas.

Disfruta. Viaja. Ríe. Come bien. Descansa. Vive.
Porque si alguien se ha ganado el derecho a disfrutar la vida... eres tú.

— Su hija, Flavia.


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