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Raúl Díaz

Pepe el del zueco y el Ron Brugal (1ª parte)

Pepe ‘el del zueco’ y el Ron Brugal (1ª parte)

miércoles 23 de abril de 2014, 10:51h

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Retomo esta colección, ya ha llegado el veranito y procede.
La trama de lo que voy a contar no se desarrolló en la Ciudad de la Cerámica, pero sí fue protagonizada por mi amigo Pepe y por mí, ambos nacidos y criados en esta localidad.

Tras pasar por Alicante y Mallorca (1991 y 1992 respectivamente) me lancé a ‘cruzar el charco’. Así, en 1993, me uní a Pepe ‘el del zueco’ y nos dirigimos a la República Dominicana, en busca de nuevas aventuras.

Y las encontramos.

Pero empezamos planificando mal nuestra expedición. Decididos a intentar que el viaje se nos hiciera lo más corto posible, pasamos toda la noche del domingo en vela, en pleno Madrid, intentando no dormirnos para durante el trayecto aéreo del lunes descansar. Nada más lejos de la realidad. Tuvimos un ‘jet lag’ de mil pares de narices, nuestro vuelo partía ese lunes a las 8 de la mañana y no logramos, debido a la emoción o qué se yo, conciliar ni un minuto de sueño en el avión. Cuando llegamos a las puertas del Resort donde nos íbamos a alojar… ¡qué casualidad! Una pareja de recién casados de nuestra ciudad salía por la puerta, porque cambiaban de hotel. Como bien dice el bueno de Jesús Olmedo, ‘vayas donde vayas siempre te encuentras a uno de Talavera’.

Tras la sorpresa inicial, los guías nos condujeron a nuestro alojamiento. Teníamos tal palizón encima que caímos rendidos en nuestras camas. A los efectos llevábamos casi 24 horas sin dormir y esa noche recuperamos fuerzas.

Al día siguiente, con llamada a cobro revertido, faltaría más, avisamos de nuestra feliz llegada y nos dispusimos a escudriñar ese precioso país. Nos encontrábamos en la zona oeste de la isla y, decididos a conocer de cerca el latir de la Dominicana, alquilamos un vehículo para desplazarnos. Un guía, enseguida, se ofreció para mostrarnos cómo era aquello. Para lo bueno y para lo malo.

Pero como esta entrega va del Ron Brugal y mi amigo Pepe, no les restaré protagonismo. El primer día, tras levantarnos, acudimos a la cafetería del hotel. Allí –serían las diez u once de la mañana- se encontraba un alemán tomando ron Brugal mezclado con cerveza, un combinado (por llamarlo de alguna forma) que en esa nación denominan ‘Tumbaíto’. Nos quedamos algo perplejos, pero es que por esas tierras es algo habitual. Pepe y yo optamos por irnos a la piscina y tomar un Coco-Loco aunque no fue uno solo y al final no sé si el turista alemán acabó mejor o peor que nosotros.

Pero, lección número uno, aprendimos que el Ron Brugal formaba parte de la idiosincrasia de aquel país.

La semana que viene, sigo.

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