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El Mediador

El estado del Estado, cruce del abismo

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición “Psicología de virtudes y pecados”, de editorial, Letras de autor.

martes 03 de diciembre de 2019, 11:29h

Hay otras claras situaciones que se nos presentan como si de un abismo de tratase, y el cruzarlos o no requiere de la conjunción de varios factores. Bien es cierto que la persona o personas que lo cruzan ya nunca vuelven a pensar y reaccionar como antes. Sus tomas de decisiones mejoran muchísimo porque ya adoptan las mismas conociendo ambos puntos de vista. En ese caso ya solo cabe buscar constantemente el equilibrio y dejar de creer que una de las posturas es la verdadera y la otra la falsa.

Para explicar el siguiente paso en las distintas formas de observar la vida, Yony siempre se acuerda de un viejo profesor de economía de su cultura. No puede por menos que esbozar una ligera sonrisa al recordar lo bien y claro que lo representaba. Como a los alumnos les costaba entender en teoría lo que iba a explicar, siempre lo hacía de forma escenificada, y así decía: Hay un abismo insondable entre aquellos que dicen “Ya viene la paga extraordinaria” -y realizaba el gesto de juntar las palmas de las manos y frotarlas en señal de ilusión y alegría-, y los que dicen “Ya viene la paga extraordinaria” -y pasaba su mano derecha por la frente de adelante hacia atrás, encima del pelo, en señal de cierta desesperación-.

De esta curiosa y directa forma los alumnos pasaban a comprender perfectamente la alegría de los empleados y el cumplimiento de sus expectativas de cobro y disfrute, y la desesperación del pequeño y mediano empresario que, haya vendido o no sus productos o servicios, o le hayan pagado o no sus clientes, este debe acumular una cantidad ingente de liquidez, que con su simple firma desaparece al día siguiente de las cuentas bancarias de la empresa.

Con esa pequeña obra teatral las personas inteligentes dejan de pensar que los empleados son los buenos o que los empleadores son los únicos que valen. Cada persona es importante en su puesto y ambos son imprescindibles para la marcha de la empresa, y por ello de esa sociedad. Pero las aspiraciones y preocupaciones en muchas ocasiones están contrapuestas, y las ilusiones de unos suelen ser la desesperación de los otros. Por ello la Empatía, es decir, la comprensión del papel, los sentimientos y deseos, de la posición en definitiva del otro, es imprescindible para poder convivir con cierto equilibrio, y cuando se alcanza esa comprensión y respeto la marcha de cualquier grupo social se vuelve mucho más culta y desarrollada.

Las preocupaciones de Yony al observar nuestro desarrollo cultural, y más concretamente los de la sociedad Española, no dejan de crecer, porque observa que quizá vamos un poco como el cangrejo, hacia atrás. Esto es así, porque en vez de buscar como en los años setenta y ochenta, la convivencia, lo que nos une, el mejor desarrollo económico y social para todos, o en su caso para las grandes mayorías, ahora se defiende hasta la exacerbación lo simple, lo concreto, las minorías, los derechos de una pequeña parte de un territorio, y, en definitiva, los “Derechos” de una pequeñas élites que lo que quieren es dominar sobre un colectivo social, o lo que es peor, sobre un pequeño territorio con ideas absolutas como si de una nueva religión redentora se tratase. Al final, como siempre sucedió en la historia, esas élites solo defenderán sus propios y cortos intereses pequeño-burgueses.

En el caso económico y laboral, se vuelve a la defensa absoluta de un colectivo, en este caso los trabajadores, como si solo ellos tuviesen derechos absolutos. Como si no fuese necesario para la buena marcha de la economía el empresario, y por ello la constante búsqueda del equilibrio imprescindible entre ambos.

Parece que ya nadie quiere –y se alega que no se necesita- cruzar los abismos y tratar de entender y por ello empatizar, con la posición del otro. No, y mil veces no, alegan, si yo tengo toda la razón no tengo porque aceptar la postura, ni siquiera la opinión del otro. Lo único que debo hacer es estigmatizarlo: Llamarle “Usurero”, “Ladrón”, mejor aún, “Explotador”, “Lacra social”, no, no, mejor “Casta”. Y con ello ya puedo atacarlo, expropiarlo, y, si llega el caso y ofrece la más mínima resistencia…Simplemente Eliminarlo. Las gentes me lo agradecerán, porque basta que yo alegue que lo hago “Para mejorar la vida de la gente”. Y punto.

En fin, es necesario cruzar abismos, solo de esa forma nos hacemos más grandes, más cultos, más amplios. Se nos abren muchas ventanas y algunas puertas y el avance de la Humanidad se produce más equilibrado.

Es imprescindible, si queremos disponer de una correcta visión intelectual, que crucemos todos los abismos que podamos.

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