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Duermevela 3.0

El paroxismo radical

El paroxismo radical
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martes 27 de abril de 2021, 10:00h

Es que, de veras, cada vez entiendo menos a los políticos y, sobre todo, a esos que siguen instalados en debates universitarios, en etiquetado de personas, como pasaba en mi época con los estudiantes de Periodismo o Filosofía. O Filología, entre los cuales me incluyo.

Es triste el paisaje electoral y el paisanaje de votantes que apoyan opciones que siembran el confrontamiento. Por no hablar de los que han tildado de “Régimen del 78” a la dificilísima creación de un orden democrático estable, jamás conocido antes. Nos encontramos en una situación en la que todo es cuestionable: Radicales que se califican de “fascistas” mutuamente. O comunistas, o ultrasocialistas o ultraderechistas. Se introducen en el discurso político verdaderas aberraciones, falsedades históricas, mentiras sin tapujos y reclamos de violencia (aunque sean sutiles). Lo mismito que hacía Franco. Oprimir las opiniones contrarias. O reprimirlas.

Los que hemos visto a los “maderos” persiguiendo a compañeros universitarios por no sé qué huelga a mediados de los 80, sabemos que esa etapa se acabó. La última vez que visité mi facultad pasé por ella notando cómo la crispación se había adueñado de los tablones de anuncios. Donde antes se anunciaban ofertas para hacer fotocopias de libros o apuntes. Estaban plagados de carteles reivindicativos. Aún así las universidades están para eso. Para expresar con total libertad tu opinión.

Pero ya no es lo mismo. El paroxismo político está tan en boga que no se limita al círculo de los universitarios, sino que sacude a la sociedad entera. Empiezan a ser necesarios los “mártires” para subir otro peldaño en la crispación.

Unan a esto la dramática situación sanitaria, social y económica que nos rodea para entender que, para muchos, no tiene razón quien más prudentemente habla, sino quien lanza la carga de profundidad contra el contrario de forma más llamativa. Por otro lado, empieza a ser preocupante el etiquetado o señalamiento hacia algunos medios de comunicación, enmarcándolos en una diana donde deben encaminar sus odios los seguidores de tal o cual partido. Y, lo que es peor, empezando a dar nombres de periodistas o comunicadores/as en concreto, que es lo que en periodismo se conoce como “matar al mensajero”. Por fortuna no estamos al borde de ningún abismo, pero las circunstancias incitan, y los radicales promueven, un paroxismo que no es bueno en ningún sentido.

Concluyo. Todas las fuerzas políticas han de luchar por que ese paroxismo radical cese. Ya tuvimos bastante con una confrontación civil.

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