A escasos 20 km. de Talavera, el pueblo de Sotillo de Las Palomas celebra una peculiar Nochevieja. La Lumbre de los Quintos es una bonita tradición, donde además de diversión, está garantizada la emoción.
Probablemente su origen es muy antiguo, pero lo que hace grande a esta fiesta es lo que simboliza. El mensaje que nos transmite habla de la importancia de la juventud y del relevo generacional, mediante el protagonismo de los quintos y la colaboración de todos los vecinos del pueblo. El espectáculo culmina con una gran hoguera que ilumina la noche, y da comienzo al Año Nuevo, en pleno corazón de la Sierra de San Vicente.
LOS QUINTOS Y LA MILI
A principios del siglo XVIII, el rey Felipe V “El Animoso”, decidió renovar el ejército. Hasta entonces, había estado formado por soldados a sueldo y otros obligados, conocidos como la leva de vagos y maleantes. Resultaba insuficiente, por lo que se inventaron las quintas, un sistema de reclutamiento forzoso. Por sorteo, uno de cada cinco jóvenes varones, debía incorporarse al ejército. Carlos III decidió hacerlo con carácter anual.
Con la Constitución de 1.812 pasó a llamarse servicio militar obligatorio, “la mili”. Pero existían dos posibilidades de escapar de dicha obligación, que beneficiaban a las clases sociales pudientes: la redención en metálico y la sustitución (pagar a un mozo del mismo pueblo, llamado “hombre de paja”, que cumpliera con la obligación).
El servicio militar, se convirtió en una aventura para los jóvenes, y una amargura para sus familiares. En el transcurso de este episodio podían ocurrir enfermedades, guerras, muerte. Para la mayoría de jóvenes, la mili era la primera ocasión en la que se separaban de sus familias y viajaban fuera de su pueblo. Dejaban a una madre preocupada, a un padre orgulloso y a una novia esperando para casarse.
El proceso empezaba con el tallado de los quintos en el Ayuntamiento, y la elaboración del informe. A partir del siglo XX se llamaba a un fotógrafo profesional para que les hiciera un retrato. En todos los pueblos de España, los meses previos a la incorporación de los quintos al servicio militar, había festejos en los que se les homenajeaba y daba protagonismo.
En Sotillo, cuando se entraba en la quinta, los padres hacían un esfuerzo grande por comprarle un traje al hijo. Era frecuente que los vecinos, amigos y familiares colaboraran con algún pequeño aguinaldo para que el joven fuera a la mili con algo de dinero.
Ya en el campamento militar, los que sabían escribir, enviaban postales para mantener viva su presencia hasta el regreso. A su vuelta, acudían con alguna muñeca o souvenir, para sus novias y sus madres. La mili era un importante rito de paso, allí iba uno a “hacerse hombre”.
LA RONDA DE LOS QUINTOS EN SOTILLO DE LAS PALOMAS
La noche del 24 de diciembre, tras la misa del Gallo, los vecinos se recogían en sus casas. En el bar de la plaza, los mozos y los quintos se preparaban para ir a rondar a las mozas (todas las mujeres del pueblo, desde que nacían, hasta que se casaban). El bar de Tía Lute permanecía abierto con una lumbre para que se calentaran. Pasaban toda la noche sin dormir, de ventana en ventana, con sus bandurrias, guitarras, almireces, hierros y cualquier cosa que sirviera para hacer percusión. Así lo recuerda desde niño Marcial Zamorano, vecino de Sotillo, de 79 años de edad. Durante algunos años la ronda desapareció, pero gracias al esfuerzo de Marcial y otros vecinos, se ha conseguido recuperar.
La Ronda de los Quintos es una tradición que exalta la juventud y el amor, mediante sus seguidillas y jotas. Con mucha alegría recorre todas las calles, pero va en silencio hasta llegar a la ventana, para sorprender a la moza. Si hay algún amorío, se hace alusión también a este hecho:
"Aquí
la tienes, aquí la tienes, la ronda para ti (nombre de la moza), que te la trae (nombre del mozo), porque te quiere”.“El cielo está nubladito, está si llueve o no llueve, y así está mi corazón, si te quiere o no te quiere”.“Quien fuera por un ratito, el aro de tu pendiente, para decirte al oído, lo que mi corazón siente”.“De la uva sale el vino, y de la aceituna el aceite, y de mi corazón sale, amor para quererte”.
LA LUMBRE DE LOS QUINTOS EN SOTILLO DE LAS PALOMAS
A partir del día de Navidad, los quintos no paraban. Entre dos, cogían una o dos varas y comenzaban a pedir, casa por casa, algún chorizo de la matanza. Todo el pueblo colaboraba para que no les faltara el sustento en esos días y pudieran dedicarse de forma exclusiva a los preparativos de la lumbre.
Se entregaban con dedicación y esfuerzo a esta tarea, recorriendo las fincas en busca de leña de encina, que ellos mismos cortaban con un hacha y trasladaban con un carro tirado por bueyes. Hoy los trabajos se han aligerado, pero la implicación de los mozos sigue siendo la misma.
Aunque los jóvenes de Sotillo no habrán llegado a esta profunda reflexión, desde un punto de vista antropológico, el ritual consiste en un trabajo duro en equipo que consigue mostrar ante el pueblo su valía como relevo generacional. Así mismo, esta experiencia les unirá de por vida y les vinculará de alguna manera a su grupo de iguales, antes de su posible marcha o separación en la edad adulta.
La noche del 31 de diciembre, los quitos y actualmente las quintas, prenden fuego a la gran pira de leña, “El Chozo”, y hacen La Lumbre. Entre ellos, este año mi querido sobrino Hugo Castillo de Marcos participará, como quinto, del festejo. Para la ocasión, se tiznan la cara con ayuda de un corcho, aunque antes, esto sólo lo hacían los mayordomos en la Festividad de San Sebastián. Seguro que algunos expertos encontrarán en esta tradición, teorías sobre rituales ancestrales de purificación y divinidades precristianas, pero al margen de todo esto, está la pura diversión.
El ser humano siempre ha encontrado una gran satisfacción en reunirse con su grupo alrededor del fuego. La palabra lumbre viene del latín “lúmine”, que significa luz. La Lumbre de los Quintos es la luz de la juventud, la esperanza en un futuro donde los jóvenes de hoy, serán los adultos del mañana. La humanidad, gracias a estas lumbres de trascendencia, ha sido capaz de sobrevivir a la oscuridad de los tiempos, como dijo el compositor Gustav Mahler: ”La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego”.



