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VALDEVERDEJA

El latido eterno de un Carnaval que no se disfraza, se hereda

Laura García Llave
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Laura García Llave

La Soldadesca y el baile de la bandera protagonizan un domingo de raíces centenarias donde la identidad verdeja brilla como Bien de Interés Cultural y Regional

domingo 15 de febrero de 2026, 18:30h
Actualizado el: 15 de febrero de 2026, 21:17h

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En Valdeverdeja, el Carnaval no es una fiesta de máscaras, es una cita con la propia identidad y la devoción. No se busca el disfraz más llamativo, sino que se abren los baúles con respeto para recuperar tesoros que han pasado de generación en generación. Este Carnaval religioso de Ánimas es una tradición que define al pueblo; un evento reconocido como Bien de Interés Cultural y Regional donde lo que brilla es el valor de lo auténtico.

Semanas antes, las casas del pueblo se convierten en el centro de toda la actividad. Se preparan con especial cuidado los trajes de animera —de novia y labradora— y de animero -calzón-, piezas de un valor incalculable que son el legado más valioso de cada familia. Mientras en las cocinas se da forma a los dulces típicos, el ambiente se va caldeando para un domingo donde la plaza vibra con una energía que viene de siglos atrás, concretamente de las antiguas milicias del siglo XVII.

El domingo de Carnaval, el pueblo se transforma con un aire solemne y marcial. La Soldadesca toma el mando en una celebración festivo-religiosa que mantiene intactas sus raíces históricas. El relevo está garantizado con la participación de los más jóvenes, que repiten con la misma seriedad y orgullo el esquema de los mayores, asegurando que la esencia de Valdeverdeja no se pierda con el paso de los años.

La plaza se convierte en el corazón de la celebración con una secuencia de ritos que detienen el tiempo. Primero, el despliegue de la soldadesca de adultos, seguida por la soldadesca infantil, ambas marcando el paso al ritmo de un único tambor. A continuación, llega el baile de la bandera, un momento de gran simbolismo y destreza. Para cerrar la celebración, la plaza estalla de alegría con las jotas, donde el pueblo se vuelca en el baile para poner el broche de oro a la jornada.

Al final, este Carnaval es, por encima de todo, una fiesta de comunidad y respeto. No hace falta más bandera que la propia tradición para sentir que, cuando el tambor suena y los verdejos bailan, se está celebrando quiénes son. Es una invitación a disfrutar de la cultura de verdad, la que no necesita artificios porque tiene raíces profundas. Este domingo, Valdeverdeja ha vuelto a demostrar por qué su Carnaval de Ánimas es una joya única en toda la región.

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