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CARTA DEL DIRECTOR

La empatía nunca sobra

Alberto Retana
Alberto Retana

Escrita por el Director de La Voz del Tajo, Alberto Retana

miércoles 21 de enero de 2026, 10:00h

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Aristóteles decía que el hombre es -por naturaleza- un ser social y el que vive fuera de la comunidad es o una bestia o un dios.

A veces, cuando el ruido de la política o la rutina nos anestesia, ocurre algo que nos devuelve la mirada más clara de lo que somos: gente capaz de sentir el dolor ajeno como si fuera propio, sin preguntar nombres o ideologías, solo ayudar altruistamente.

Lo que ha pasado en Adamuz no solo nos duele por la tragedia, sino también por lo que despierta: esa reacción instintiva, tan española, de ponerse en marcha sin que nadie lo pida. Nadie sale a ayudar pensando en teorías morales, más bien lo hace por hábitos aprendidos.

Simone Weil afirmaba que la atención en la forma más pura de la generosidad. Y en estos días hemos vuelto a ver esa España que no sale en los titulares hasta que el desastre la convoca.

La empatía no se enseña en las escuelas ni se mide en los discursos, pero se deja ver en los gestos cotidianos cuando la vida golpea a otros. La empatía también es educación, aunque no figure en ningún currículo. Es el hilo invisible que une al que sufre con el que ayuda, una forma de resistencia frente al egoísmo que parece gobernarlo todo.

En estos días, Adamuz ha sido un espejo: ha reflejado una generosidad que sigue viva, incluso cuando creemos haberla perdido entre tanta prisa y cansancio.

No hay que idealizar el dolor, pero sí aprender de lo que despierta en nosotros. La empatía no debería ser solo un reflejo ante la tragedia, sino una práctica diaria, una manera de mirar al que tenemos al lado sin esperar que el desastre nos lo recuerde.

Si algo nos enseña Adamuz, es que todavía sabemos reconocernos en los demás. Tal vez deberíamos preguntarnos por qué cuesta tanto mantener esa solidaridad sin una catástrofe por medio.

Tal vez educar de verdad consista en no olvidar, cuando todo va bien, quiénes somos cuando todo va mal. Y mientras eso ocurra, hay que mantener la esperanza en este país que, con todo, nunca deja de tender la mano.

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