Este año 2026 la ciudad de Talavera celebra los 30 años de vida de uno de sus más emblemáticos museos, el de la cerámica talaverana 'Ruiz de Luna'. En un vídeo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, su presidente, Emiliano García Paje destaca su relevancia histórica y artística, con más de 600.000 visitantes. Un tesoro para la ciudad y la comunidad y una seña de identidad nuestra. Todo un patrimonio culturar a conservar porque nos define y representa, dando un enorme valor añadido para hacer de nuestra ciudad un destino atractivo para su visita.
Pero imaginemos, por un momento, un cruel y macabro juego en el que nuestro genuino museo pierde todas o gran parte de sus valiosas piezas cerámicas simplemente porque nadie se preocupó en guardarlas y conservarlas en el tiempo o simplemente las destruyó porque le parecieron cacharros inservibles que ocupaban mucho espacio y ya no eran útiles. ¿Qué valor tendría entonces el museo? ¿Qué atractivo mostraría un museo con las salas vacías de contenido? ¿Con qué interés atraería a los potenciales visitantes del museo y de nuestra ciudad? Seguramente, casi nadie vendría a vernos por este motivo.
Otra noticia reciente nos informa que la metafórica catástrofe mencionada en el párrafo anterior resulta que se está cumpliendo a pies juntillas en otro de nuestro museo más valioso, contemplado y disfrutado por toda la gente de Talavera que pasea cada día por sus orillas y alabado por cuantos nos visitan. No es otro que uno de los últimos bosques de ribera bien conservado del tramo del río Tajo a su paso por nuestra ciudad.
En concreto, la amenaza afecta a la isla de los Molinos de Arriba, también conocida por Isla del Chamelo, y se extiende al parque de los Sifones. Un proyecto de apariencia ilusionante de dinamización turística a cargo al Plan de Sostenibilidad Turística en Destino de Talavera.Incluso se planteó la creación de un parque multiaventuras en este proyecto en la anterior legislatura municipal, que puede que aún se contemple. Con esta excusa, se está talando y desbrozando el bosque que definía este paraje singular, provocando un gran impacto ambiental.
La renaturalización y saneamiento efectuada a primeros del siglo XXI gracias a un proyecto financiado por la Unión Europea bajo la Directiva Marco del Agua, y acotado entre dos presas hidroeléctricas, ha contribuido a desarrollar unEspacio Natural Fluvial de casi 1 km de ancho por 4.5 km de largo que ha evolucionado de forma natural a un ecosistema de bosque de ribera bien estructurado con un alto índice de biodiversidad, aún a la espera de innegables mejoras ambientales necesarias en nuestro querido río Tajo.
Debemos entender que las islas y las orillas más inaccesibles sean refugios de biodiversidad y definen un ecosistema fluvial del que tenemos la gran suerte de disfrutar, y un paisaje exclusivo que nos define como ciudad. La salud de los ecosistemas repercute en nuestro bienestar gracias a los impagables servicios ecosistémicos que nos proporcionan. El bosque de ribera actúa de filtro natural mejorando la calidad del agua, estabiliza las orillas reduciendo la erosión y frenando la velocidad del agua en las crecidas, hace de esponja y recarga los acuíferos, regula el microclima de la ciudad haciendo de refugio térmico, es un importante sumidero de CO2, alberga una rica biodiversidad y hace de corredor biológico facilitando el intercambio genético de especies, la materia orgánica que cae al río sustenta las cadenas tróficas y pueden proporcionarnos recursos alimentarios y de otra índole.Pero hay otros servicios menos tangibles llamados Socioeconómicos, emocionales, que nos afectan más directamente.
Estamos perdiendo, destruyendo, valiosísimas piezas del gran museo natural del entorno de nuestra ciudad. Estamos cercenando una oportunidad para el disfrute sensorial de una Naturaleza pura, para la emoción de contemplar la diversidad de formas y modos de vida, para el recreo y la diversión, para la educación de nuestros hijos en el conocimiento y respeto por los espacios naturales que van a heredar, para la investigación, para la ciencia, para nuestro bienestar y desarrollo emocional. Y para atraer verdaderamente a un turismo responsable y ávido de contemplar espacios naturales bellos y con gran diversidad biológica que marida perfectamente con nuestros otros atractivos patrimonios, el arquitectónico y el cultural.
Sin embargo, preferimos convertirlo en un espacio reducido a la mínima expresión, artificializado, tocado de muerte, cuando no es necesario. Cuando se debería hacer todo lo contrario. Tenemos más que suficientes parques periurbanos en ambas orillas del río. Si se quiere dar un uso público de la isla, debería dejarse para la parte de la recién restaurada central hidrológica, digamos que el primer tercio a partir del Puente Viejo. Pero deberíamos gestionar los dos tercios restantes como Reserva Integral. Que si algo podría ser verdaderamente atrayente para nuestra ciudad sería conseguir el título de alguna de las figuras de protección de la Naturaleza del ámbito nacional o europeo que hacen de tantos Espacios Naturales Protegidos un foco de atracción y disfrute. Algo así como Reserva Fluvial, Zepa Urbana o Lugar de interés Comunitario. Pero si, con ningún criterio técnico o científico, vamos eliminando valores, rompiendo piezas de museo, difícilmente conseguiremos alcanzar los criterios necesarios para su certificación.
De no hacerse así, estaremos acabando con un hábitat con más de 30 especies de aves reproductoras, con el refugio de mamíferos, anfibios, reptiles, peces, insectos, hongos y toda la comunidad ecológica de gran valor.
Además, vamos a acabar con la enorme función científica y de educación ambiental que la decana asociación Ardeidas viene ejerciendo desde hace 15 años en el Aula de Naturaleza y en la Estación de Anillamiento científico en colaboración con asociación internacional SEO-Birdlife. Qué sentido tendría mantener este servicio donde no quedara casi nada que mostrar o investigar.
Como colofón de esta reflexión, ahora que está a punto de finalizar febrero y después de un duro invierno, me encuentro un entrañable, ilusionante y conmovedor artículo con una foto de una Garza imperial en pleno vuelo destacando de un fondo verde de bosque de ribera. Resumida y literalmente, anuncia que, con la llegada cercana de la primavera y las temperaturas agradables,el entorno natural de Talavera de la Reina comienza a transformarse.
El río Río Tajo, auténtica columna vertebral del paisaje talaverano, se convierte en un escenario privilegiado para la observación de aves ribereñas.¿Esto significa que sí queremos Naturaleza, que valoramos el paisaje identitario de nuestra ciudad con el rio natural al pie de nuestros monumentos? ¿Que damos valor al magnífico escenario del rio Tajo y que queremos conservarlo, admirarlo, y defenderlo porque nos significa, porque lo queremos así de hermoso?
Quiero creerlo así. Que las talaveranas y talaveranos, con sensatez y criterio, valoran y aprecian el paisaje natural y emocional del Tajo. Y que no vamos a cometer la torpeza de vaciar o destruir de piezas de cerámica de alto valor el museo Ruiz de Luna para convertirlo en un parque infantil de bolas ni la isla de los Molinos de Arriba en un parque multiaventura.


