Luis González
¿Alguien puede explicárselo a mi amigo Pepe? (y II)
miércoles 23 de abril de 2014, 10:51h
“Yo creo, - me seguía diciendo mi buen amigo, Pepe-, que todas las reglas deben tener su excepción y los terroristas (y todos los que matan a sabiendas, lo son también) deben ser esa excepción que confirme la regla, a la hora de aplicarles la ley.
No se debe tener compasión de ninguno de ellos. Esos que lo hacen con premeditación y alevosía deben tener un incremento de responsabilidad en sus hechos, que no dudo que, quizá la tengan en su sentencia, pero si por otro lado se les reduce…¡no sirve de nada…!” Y lo peor de todo esto- le respondí yo- es que hasta ellos mismos ya lo sabían que eso era así.
Por todo ello, ¿cómo puede surgir, a estas alturas de democracia, la duda a la hora de interpretar si la reducción de años se debe aplicar sobre la condena total o sobre el máximo de años que se puede estar en la cárcel? ¿Acaso, eso de la reducción, es la primera vez que se aplica?... Parece mentira que esto pueda suceder. ¡Ni en los juegos de niños ocurren estas cosas! No me extraña que mi amigo tenga una preocupación tan grande por este hecho que acaba de ocurrir con la liberación de Antón Troitiño, uno de los terroristas mas sanguinarios del comando Madrid de los años ochenta, además cuando parece ser que esa misma aplicación ha sido denegada a su propia pareja y a algunos terroristas más de su entorno. Para mi amigo Pepe, y para los que no entienden de leyes aunque sí de dolor…, desde luego, tanto los jueces, los legisladores, los fiscales, el gobierno, la oposición…, como todo aquel que esté involucrado, directa o indirectamente, en que puedan realizarse este tipo de liberaciones, (naturalmente, muy alejadas de la lógica popular) no parece que tengan mucho sentido de la equidad en la justicia. Para el sentir popular no es lo mismo sentenciar a un terrorista, que a uno que comete delitos por imprudencia, por ejemplo... Y no digamos nada de la aplicación de la sentencia y de su posterior cumplimiento. ¡Ah! y, sobre todo también, eso de cumplir un número determinado de años con tope máximo, ¡haga lo que haga…!, esto sí que les parece una aberración a los ciudadanos de la calle. Es como si se le diera más valor a la vida del que asesina que a la del que es asesinado. Y en verdad que si hay que cambiar la ley, ¡cámbiese, cuanto antes!, para que no puedan ocurrir estos casos de incumplimiento de condenas justas. Porque ¿qué sentido tiene el condenar a un reo a dos mil años de cárcel si sólo puede cumplir treinta como máximo? Que a la postre, como vemos en este caso, tampoco son treinta… Eso, digan lo que digan las leyes, a la opinión popular le parece una vejación para las víctimas y una burla para los familiares de las mismas. Pues ciertamente, éstos, por desgracia, tienen que soportar después, el encontrarse por la calle al asesino, y probablemente, al poco tiempo. Y digo poco tiempo porque por muchos años que hayan transcurrido, nunca serán “ni muchos ni los suficientes” como para haber podido olvidar a esos seres queridos, que les fueron arrebatados por esos criminales. Aquí tenemos bien claro el flagrante caso que nos ocupa con el terrorista Troitiño, que Dios sabe donde andará y cómo se estará riendo de todos, incluida la justicia. Cosa que, por otro lado, venía haciendo desde el principio. Jamás se arrepintió ni pidió perdón a nadie. Ahora resulta, según algunas noticias, que al parecer se ha marchado a Venezuela… ¿y nadie se imaginaba que eso podía ocurrir? ¿Lo devolverá el amigo Chaves, si es cierto que va para allá? El Sr. Rubalcaba dice que será localizado y devuelto a prisión… ¡Inaudito lo que ha pasado, pues no deja de ser una chapuza! ¡Está claro: “entre todos la mataron y ella sola se murió”!
Por otro lado, ¿qué pasará desde ahora en adelante, cuando empiecen a salir esa oleada de terroristas detenidos por los años ochenta? ¿Todos aquellos que, aún habiendo cometido delitos de sangre, van a cumplir su período de estancia en la cárcel? ¿Se integrarán en la sociedad o seguirán perteneciendo a ETA? ¿Ocurrirá lo mismo?... ¡El tiempo lo dirá! Desde luego, ya tenemos algunos ejemplos de los más conocidos: De Juana Chaos, Joshu Ternera, el propio Troitiño… Y mire usted por dónde, ahora también se ha conocido que el preso más antiguo que aún permanece en la cárcel (34 años) en España, no tiene ningún delito de sangre, mientras que a estos sanguinarios la ley les suelta. ¡No hay derecho a ello, por muy legal que así sea!