Javier Fernández
miércoles 23 de abril de 2014, 10:51h
Favorecer, patrocinar o ayudar son tres de los sinónimos que la Real Academia Española da para la palabra que yo he puesto como título en mi columna semanal.
Y es que es mucho el apoyo que se necesita en el mundo. Cuando las cosas van mal o no salen como teníamos previsto, lo mejor es apoyarse en aquellos que tenemos cerca, esas personas que aunque no puedan retroceder el tiempo y cambiar el futuro no tienden su mano y nos ponen su hombro para que al menos podamos refugiar nuestros sentimientos o desahogar los nervios y malestar. Por eso, siempre hay que estar bien rodeado de esos seres incondicionales que sabemos que siempre están cerca en los momentos más boyantes y también en los que los ánimos están menos subidos. En ese orden, quiero expresar mi más profundo rechazo al doble atentado que vivió Noruega el pasado fin de semana cobrándose la vida de más de 90 personas. Tanto el ataque en Oslo como el tiroteo en la isla de Utoya son claros ejemplos de cómo hay personas que se aferran a una religión para justificar el extremismo. En el caso del individuo de 32 años que se puso las armas por montera para hacer una justicia que sólo unos cuantos desalmados entenderán, sólo se puede pedir una cosa: la pena máxima. Todavía no puedo creerme como su abogado puede haber dicho, según leí en el diario ‘El País’, que pedía su absolución al considerar que los crímenes fueron ‘atroces pero necesarios’. A ese abogado había que hacerle un juicio paralelo y colgarle de los... en la plaza del pueblo. Afortunadamente, la gran mayoría estamos hechos de otra pasta, podemos argumentar, críticar, analizar o debatir sirviéndonos de armas como la oratoria, pero que alguien me explique o me justifique con pruebas en qué religión hay un Dios que hable de matar o devastar. Y antes de concluir me despido de ustedes, mis fieles lectores, ya que por una semana no estaré aquí escribiendo, pero en quince días mi opinión volverá a estar impresa en esta página 6.