En los Montes de Toledo, a pocos pasos del Parque Nacional de Cabañeros, se encuentra una casa rural que combina innovación, sostenibilidad y un origen poco común: parte de su estructura proviene de contenedores de camiones.
La finca se ubica en Navahermosa, la última parcela antes del parque, un lugar con cielos despejados y sin contaminación lumínica, que atrae, entre otros, a visitantes interesados en la observación astronómica.
Desde La Voz del Tajo hemos hablado con María Jesús Pérez, propietaria de la finca, quién nos ha contado el trasfondo del proyecto y su historia. Su marido, Roberto Gálvez, era la tercera generación de transportistas en su familia que se dedicaba al transporte de muebles a Francia y Alemania. Sin embargo, la crisis económica de 2007-2008 obligó al cierre de muchas fábricas y, con ellas, al fin del negocio familiar. Con los camiones sin actividad, la familia vio la oportunidad de darles un nuevo uso.
El terreno donde se encuentran los camiones y la casa había tenido diferentes usos: primero fue una granja de avestruces y, después, un lugar para estacionar los vehículos. Fue entonces cuando surgió la idea de darles una nueva vida. “Mi marido quería darle otra vida a los camiones, porque eran su vida”, relata María Jesús. Así nació la idea de levantar una casa rural utilizando los contenedores de los camiones en la planta superior.
La casa combina obra tradicional y bioconstrucción. La planta baja es de obra y la parte superior está hecha con contenedores, mientras que las paredes se construyeron con cal, siguiendo técnicas antiguas utilizadas en catedrales, y el aislamiento es de corcho natural molido, procedente de una fábrica local.
El diseño incluye recuperación de aguas pluviales y grises, que se reutilizan para riego de huerto y jardines, y permite una vida completamente autosuficiente: “Somos totalmente autosuficientes. No estamos conectados a la luz, tenemos placas solares y placas solares térmicas”, comenta María Jesús. La climatización se completa con una bomba geotérmica que regula el calor en invierno y el aire acondicionado en verano.

La finca tiene cinco habitaciones, cada una con cama de matrimonio y posibilidad de camas supletorias, permitiendo alojar hasta 20 personas. La planta baja está completamente adaptada para personas con movilidad reducida, con puertas más anchas, pasillos espaciosos y baños accesibles. Cada verano, asociaciones de personas con discapacidad visitan la casa, confirmando su accesibilidad y comodidad.
La casa rural se ofrece de diferentes maneras de alojamiento. Entre semana, los visitantes pueden alquilar habitaciones de manera individual, mientras que los fines de semana la finca completa está disponible para grupos, lo que permite disfrutar de la privacidad de toda la parcela y sus instalaciones.
El entorno de la finca también es un atractivo: la parcela de 15.000 metros cuadrados está totalmente vallada, permitiendo que los visitantes traigan mascotas, y cuenta con zonas verdes, huerto, áreas de juego para niños y espacios para barbacoas adaptadas a la normativa ambiental.

Entre los detalles que más llaman la atención de los visitantes están los cielos despejados, donde la ausencia de contaminación lumínica permite una excelente visibilidad de estrellas y eclipses, teniendo una mayor demanda por el eclipse del próximo 12 de agosto.
El alojamiento combina sostenibilidad, accesibilidad y una historia singular: la transformación de camiones de transporte en un espacio funcional y respetuoso con el entorno natural. Con siete años de actividad, interrumpidos únicamente por la pandemia, la finca sigue siendo un ejemplo de cómo adaptar recursos existentes a nuevas necesidades, manteniendo un vínculo con la vida anterior de la familia y ofreciendo a los visitantes un contacto directo con la naturaleza.

















