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El turismo cambia de rumbo: cuatro nuevas formas de viajar

El turismo cambia de rumbo: cuatro nuevas formas de viajar
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domingo 30 de septiembre de 2018, 12:00h

Viajar se está convirtiendo en una actividad cada vez más habitual y los turistas engrosan las cifras optando, además, por hacerse un viaje cada vez más a menudo y eligiendo sus destinos perdiendo el miedo. ¿Miedo? ¿Quién dijo miedo? El turismo que está llegando es mucho más ambicioso e impensable hace tan solo unos años. Recurrir a las agencias es una opción más de las que disponemos los españoles, que con acceso a internet y un poco de imaginación podemos, incluso, pensar en un destino… lunático.

WowTrip, recapitula algunas de las prácticas algo alocadas pero también geniales, antes impensables, que están extendiéndose entre los viajeros españoles y de todo el mundo que engloban el fenómeno llamado “nuevo turismo”.

Los kilómetros dejan de ser un problema. Sí, se puede volar a la luna, y de hecho, hacerlo de forma turística. Es espectacular comprobar cómo el turismo tiene que adaptarse a las nuevas exigencias de los viajeros, que no se conforman con un viaje al lugar más exótico de este planeta, sino que ya necesitan salir de la órbita y poner rumbo a uno de los puntos más codiciados del universo.

Viajes frikis para todos los públicos. Consumir series y películas y convertirse en un fan ya no es algo único para frikis. Hacer viajes y aprovechar localizaciones míticas de series se convierte en un must muy común entre todo tipo de turistas, que convierten Hampshire (Downtonw Abbey), Dubrovnik (Juego de Tronos), Birminghan (Peaky Blinders), Londres (Sherlock Holmes o Harry Potter) o Dublín (Penny Dreadful), en centros de encuentro que hacen tours especiales centrados en estas series distintos de los habituales y más tradicionales.

La experiencia es lo más importante. Saturados como estamos de información, cada vez más valoramos positivamente un viaje por las experiencias que nos aporta que por lo que hemos visitado. Somos capaces de repetir una escapada o un viaje y tener ganas de hacerlo para, por ejemplo, rencontrarnos con los recuerdos, volver a comer en un restaurante que nos encantó, ver un monumento en una estación del año diferente… Así, el valor emocional retoma importancia sobre el racional, y en vez de dejarnos sorprender por el destino, nos gusta comenzar a sorprendernos antes de preparar el viaje.

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