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Sandra Sánchez despide 2019 con MARCA

Sandra Sánchez despide 2019 con MARCA
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(Foto: Chema Rey.)
miércoles 01 de enero de 2020, 09:57h
Extraordinario reportaje de MARCA con nuestra súper campeona talaverana Sandra Sánchez. En información elaborada por Almudena García y Andrés Rivera, la karateka despide 2019, su año irrepetible, pasando seis horas con el diario deportivo referente de España, que por su interés reproducimos con las imágenes captadas por Chema Rey.
Sandra Sánchez, junto a Jesús del Moral, seleccionador nacional de katas y su pareja, llegan a la Puerta del Sol de Madrid. Ambos entran al Hotel Europa, ubicado en un edificio de 1860 en el que nació el pintor cubista Juan Gris. Una de sus obras preside la recepción. La mejor karateca del mundo cambia por unas horas el tatami por una habitación con unas espectaculares vistas al reloj con el que esta noche millones de españoles despedirán el año. Se enfuda el karategui y despliega una muestra de las 50 medallas consecutivas que ha ganado desde enero de 2015. Y, todo, sin perder su eterna sonrisa. Son innumerables las veces que sonríe durante esta entrevista.
A punto de cerrar 2019, hace balance de un año en el que sigue número 1 del ránking mundial, ha sellado el billete para Tokio 2020 y ha ganado por quinta vez el título continental y el circuito mundial. Las últimas horas le permiten cumplir un sueño: ser portada. En 2020 el deseo es doble: salud y una medalla olímpica.
Pregunta. El 20 de marzo de 2015 aparece por primera vez en MARCA. 'Una española en la Premier' se titulaba aquel reportaje. Cuatro años y medio después, es campeona del mundo, cinco veces de Europa y está reconocida como la mejor karateca de todos los tiempos en kata femenino. ¿Se imaginaba llegar tan lejos?
Respuesta. Para nada. Si creía en mí, en mi posibilidades y en Jesús del Moral [su entrenador], que confiaba en mí. ¡Estoy a punto de ir a unos Juegos Olímpicos! Nunca hubiera imaginado en 2015 que hoy estaría aquí.
P. Desde pequeña no ceja en su empeño hasta conseguir lo que se propone. Dice su madre que "con cuatro años pilló una rabieta de tres pares de narices" porque quería ir a kárate como su hermano Paquito y le apuntaron a baile. ¿Cómo les convenció para que la cambiasen?
R. Creo que me cambiaron para que me callara. De pequeña me enfadaba mucho. Las rabietas eran de llorar, gritar y hasta me mordía las rodillas. Mis padres siempre decían que mientras me mordiera yo y no a mi hermano... Pero bueno, en esa ocasión fue por una buena causa y mis padres me hicieron caso [se ríe].
P. Su primer profesor aconsejó a sus padres que no le compraran el karategui porque estaba seguro de que se cansaría del kárate...
R. Sí, tenía cuatro años, entiendo que les dijera que no hicieran esa inversión porque pensaría que era por una rabieta y que en dos semanas no iba a seguir. Suerte que se equivocaron.
P. ¿Le vacila alguna vez su hermano Paquito diciéndole que si no fuera por él usted no hubiese llegado a donde está?
R. Mucho. Me lo recrimina de buen rollo. Siempre que le dicen que es el hermano de Sandra, él les contesta: 'No, ella es la hermana de Paquito' [se ríe]. Me recuerda mucho que hago kárate por él. Cosas de hermanos.
P. Siempre la vemos con una sonrisa. ¿Dónde ha quedado ese genio del que hablaba?
R. Sigo siendo igual de traviesa y de revoltosa. Tengo ese mal genio, pero lo canalizo gracias al kárate. Puedo sacarlo cuando hago los katas. Lo pongo sobre el tatami y no lo tengo que pagar con nadie.
P. ¿Qué le saca de sus casillas?
R. Todo lo que considero que no es justo. A veces es una tontería, pero si pienso que no debe ser así, siento impotencia.
P. Hemos hablado de su hermano Paquito, sus padres... ¿Que importancia tiene la familia en su vida?
R. Lo es todo. Me han apoyado siempre, me han llevado a cualquier lugar de España para competir, se han recorrido miles de kilómetros para que yo pudiera entrenar, para ir a una preselección, un campeonato... Pero además me han hecho ser muy fuerte como persona. Mis padres han estado detrás de mí, pero no me han ayudado a hacerlo todo. Cualquier situación la he sacado adelante gracias a todas esas vivencias.
P. Y hablando de familia... Sus sobrinos son su debilidad. Con ellos vuelve a ser niña.
R. No siento que ser adulto signifique dejar de ser niño. Las dos cosas conviven dentro de uno mismo. Cuando estoy sola tengo esa parte de niñez, pero con mis sobrinos la multiplico por cien. Cualquier trastada que hagan ellos, voy detrás. Luego tengo al jefe [por Jesús] diciéndome que no lo haga porque me voy a lesionar, pero si no lo hiciera no sería yo.
P. Se marchó a Australia cuando no llegaban los resultados en el kárate y aprovehó para mejorar el inglés. ¿Cree que alguno de los niños de aquel colegio de Brisbane a los que dio kárate como extraescolar sabe que su profesora es hoy la mejor del mundo?
R. Tengo la suerte de que me escriben muchos niños a los que di clase. Se acuerdan de mí, de anécdotas de las clases, de lo que les decía... Eso es muy bonito porque yo recuerdo lo que aprendí en las clases en mi infancia y que yo haya sido capaz de conseguirlo con los niños me hace sentir orgullosa.
P. Hasta que llegó esa primera medalla de oro en el Campeonato de España de 2015, con 32 años, le cerraron muchas puertas. ¿Cómo logró no arrojar la toalla?
R. Cuando muchas personas a las que admiras, seleccionadores y entrenadores, te dicen que no, hay una línea muy fina entre empezar a ver la realidad de ellos o seguir viendo la que yo veía. Es duro que haya momentos en los que dejes de creer en ti misma, pero siempre había una llamita dentro de mí que me decía que lo podía hacer... Si alguna vez estaba a punto de apagarse, tenía detrás, primero a Javier Pireño y luego a Jesús, que me decían: 'Sí que vales' y me daban fuerzas para luchar por ello.
P. Tuvo claro que Jesús del Moral era la persona idónea para sacar lo mejor de usted. ¿Por qué?
R. Le conocía desde que era seleccionador de Castilla La-Mancha. Me había entrenado alguna vez en esas concentraciones y veía el potencial que tenía y su don para mezclar conocimientos de varios ámbitos y sacar lo mejor de una persona. Me costó mucho convencerle porque pensaba que no iba a aguantar, pero le demostré que sí.
P. De hecho, él la puso a prueba en más de una ocasión...
R. Un día me pasó una planificación y vi que se entrenaba un lunes, que era 1 de enero, a las 8 de la mañana. Le llamé y le dije que quizá no había caído que ese lunes era Año Nuevo. Se echó a reír. Me contestó: "¿Tú crees que eso se me pasa por alto? Los árbitros cuando te vean salir al tatami no van a saber si era día 1, día 2 o si te tocaba descansar. Sólo verán lo que hagas ese momento". Así que me fui a correr y a entrenar un 1 de enero a las 8 de la mañana [se ríe].
P. Y acabó convenciéndole.
R. A cabezona no me gana nadie. Soy muy disciplinada, si quiero hacer algo, pongo todo mi trabajo y empeño en lograrlo. Él no conocía esas cualidades de mí, sólo necesitaba que me viera en el día a día para demostrarle de lo que era capaz.
P. ¿Cómo es que su 'jefe' sea además su pareja?
R. No es tan difícil como la gente pueda imaginar. No sé si es porque somos los dos muy frikis del kárate o porque él manda las seis horas de entrenamiento y yo el resto [se ríe].
P. ¿Para ustedes lo de llevarse el trabajo a casa es normal?
R. Sí, pero no nos importa. El kárate es parte de nuestra vida. Hay días, cuando necesitamos un descanso físico y mental, que decidimos que no vamos a hablar de kárate. Lo intentamos, pero acabamos hablando de ello.
P. ¿A cuánta gente le ha tenido que explicar que hace kata y que no pelea con nadie en el tatami?
R. Todavía me pasa. Es un comentario común. Cuando saben que haces kárate, te dicen: 'Pues darás unas hostias'... [se ríe]. Pero no me cuesta explicar que es un arte de defensa, que nunca atacas salvo si es como defensa personal. Si lo tengo que explicar un millón de veces, no me importa.
P. ¿Cuál es el sitio más raro en el que ha hecho una kata?
R. ¡Ha habido tantos! Cuando volvimos de Dubái hubo dos o tres meses que no teníamos un lugar donde entrenar. Intentábamos ir a los parques pero entró el invierno, días de lluvia, y terminamos entrenando en un pequeño trocito de patio que tiene la madre de Jesús en casa, quitando los muebles.
P. ¿La reconocen por la calle?
R. En Talavera es increíble el cariño de la gente. Y me sorprende que algún día que he salido a cenar o a dar una vuelta por Madrid me ha parado gente. Me pongo colorada de pensarlo porque me da vergüenza.
P. Desde enero de 2015, competición en la que participa, medalla al canto. Van 50 seguidas. ¿Dónde las guarda? ¿Y cuál es la más especial?
R. Soy un poco despistada porque como vivo entre el CAR y mi casa hemos tenido muchas mudanzas. Están en cajas por años, aunque las últimas las tengo en el CAR. En cuanto a las más especiales, me quedo con la del Mundial, no por la medalla en sí, sino por lo que significó, y con la de los primeros Juegos Europeos de Bakú porque tiene los aros olímpicos. Cuando me la dieron no hacía más que darle la vuelta para que se vieran. Por entonces todavía el kárate no era olímpico.
P. Regaña a sus padres porque dice que tienen la casa como un museo. De hecho, nos han confesado que alguna vez se les ha caído alguna balda del peso de sus trofeos...
R. Siempre que gano un trofeo bonito o grande va a su casa. Ellos los valoran incluso más que yo. Lo han sufrido tanto durante tantos años que me alegra muchísimo de que lo estén viviendo.
P. Dicen ellos que usted prefiere tenerlas en una caja guardadas. ¿Por qué?
R. Porque me da vergüenza y creo que no hay que darle tanto valor a algo material. Una vez ganadas, hay que mirar hacia adelante. Cuando recojo mi habitación de casa de mis padres se las intento meter en un armario pero cuando vuelvo están todas fuera.
P. ¿Cuánto ha pensado en Tokio 2020 en el último año?
R. Infinitas. Unos años atrás lo veía como un propósito, como algo por lo que tenía que luchar y por lo que iba a entrenar cada día. Pero de un tiempo a esta parte, pienso en Tokio cada día, cada mañana, cada tarde y cada noche. Además, se junta que son los primeros Juegos Olímpicos para el kárate, que son en Japón, país asociado a este deporte al cien por cien, y que, ojalá que no, pueden ser los últimos. Es imposible no pensarlo cada día y querer luchar por traer esa medalla.
P. ¿Dónde colocaría una medalla olímpica?
R. Prometo que esa no iría a una caja [se ríe]. Sería algo tan especial que tendría que tener un lugar igual de especial.
P. ¿Se ha visualizado ya desfilando en la ceremonia de apertura?
R. Sí, porque viví el desfile de los Juegos Europeos y ya me pareció impresionante. Todo el mundo me dice: "Multiplícalo por cien". Los karatecas competimos en los últimos días de los Juegos y, en principio, no nos tocaría desfilar, pero tenemos un acuerdo con una ciudad de allí, Fujinomiya, para ir a hacer la adaptación, así que estaremos desde tres o cuatro semanas antes entrenando allí. Me tocó pedir a Alejandro Blanco que, por favor, nos permitiera estar en el desfile.
P. En el deporte no se puede predecir un resultado, pero en todas las quinielas de posibles medallistas españoles en Tokio, está su nombre. ¿Cómo gestiona esa presión?
R. Si no vuelvo con medalla no puedo volver a España, ¿no? [se ríe]. No lo gestiono como presión porque durante mucho tiempo la gente no creía en mí y, de hecho, todavía hay comentarios en algún vídeo en Internet que ponen: 'Sandra nunca va a tener una medalla en un Europeo o en un Mundial'. Por suerte las tengo. Cuando te has pasado tanto tiempo en el que la gente pensaba que no iba a tener una medalla, el hecho de que ahora piensen que sí me genera motivación y ganas de seguir trabajando. Lo veo como algo súper positivo y voy a trabajar más para conseguirla.
P. 6 de agosto de 2020. A las 20.00 horas más o menos ya habrá terminado la final de kata femenina y la ceremonia de entrega de medallas. ¿Qué cree que estará haciendo en ese momento?
R. Ojalá que dando brincos con Jesús de la mano y diciendo: '¡Hemos ganado una medalla!' [se ríe], que es como suelo celebrar las cosas importantes que vivo. Y sonriendo. No lo sé. Quizás llorando también, pero de emoción.
P. Juegos en Tokio y su principal rival, Kiyou Shimizu, es una japonesa. ¿Cree que puede influir en el arbitraje?
R. Sé que el factor 'casa' influye, pero también confío en el trabajo y en que si en el tatami soy capaz de mostrar mi mejor versión, los árbitros también tendrán una responsabilidad, que es intentar hacer las cosas lo más objetivas posibles. Lo que quiero es que ambas consigamos sacar el mejor kárate que tengamos porque va a ser bueno para nuestro deporte y para el público. Y que gane la mejor.
P. Este año ha estado en Tokio de nuevo. ¿Ha hecho algún ritual o promesa como en 2013 cuando pasó por el estrecho agujero del tronco del templo del Todaiji o se ha traído otro daruma [muñeco japonés al que le falta un ojo y que se le pinta tras lograr un objetivo, Sandra lo hizo tras ganar el Mundial]?
R. Sí, lo tengo [el daruma], lo reconozco. No le pinto el ojo como un deseo que te tiene que caer por arte de magia, se lo pinto como un propósito. Al ver al pobre con un ojo menos lo único que hace es recordarte que tienes que trabajar por tu propósito y que cada día cuando te duelen hasta las pestañas y todo el cuerpo hay que seguir entrenando y dando el cien por cien para poder seguir pintándole el otro ojito.
P. Y después de Tokio, ¿cómo ve su futuro?
R. A los tres meses hay un Mundial, así que lo veo lleno de kárate. Lo veo siempre relacionado con mi deporte, enseñando...
P. Fan de Son Goku, enganchada a la serie 'The Good Doctor'... ¿Algún nuevo personaje de ficción que unir a esta lista?
R. No. Antes de los campeonatos sigo leyendo algún libro o viendo alguna serie porque me hace desconectar y no pensar tanto en el día siguiente y en lo que voy a hacer en el campeonato. Sigo, por supuesto, llevando las Bolas de Dragón en mi mochila y a Son Goku colgado de la mochila de entrenamiento.
P. Nos han chivado que se siente muy identificada con la niña de 'Rompe Ralph'. De hecho hay una frase que ha hecho suya y que suele repetir antes de competir ¿Cuál es?
R. ¡Qué vergüenza! ¿La tengo qué decir? [se ríe]. Es verdad que me gusta mucho esa película y lo que transmitía la niña cuando intentaba demostrar que podía hacer algo. Hay un momento en el que está entrenando en el circuito con Rompe Ralph y cuando llega le pregunta cómo lo ha hecho. Cuando le dice que bien se viene arriba y dice: 'Voy a ganar, voy a ganar, voy a ganar'. Y es lo que hago yo cada vez que voy a un Campeonato. ¡Qué vergüenza!
P. Usted ejemplifica valores como el esfuerzo, la perseverancia, la humildad, la lucha... ¿Con qué palabra definiría su carrera deportiva y por qué?
R. No me gusta definirme, pero en mi carrera deportiva sí que me siento súper disciplinada. Cuando me marco lo que tengo que hacer cada día, hasta que no lo consigo no paro. Soy muy exigente conmigo y con los demás. Creo que disciplina y exigencia son las palabras que mejor me definen.
P. No pierde nunca la sonrisa, ¿eso también se entrena?
R. No hay secreto. Sandra es tal cual la veis, no hay más. Soy feliz y he sido feliz siempre. Lo era también cuando perdía porque cuando no conseguía mis objetivos era feliz porque intentaba superarme. Y cuando hemos tenido momentos difíciles con la familia [su madre tuvo cáncer] hemos sabido encontrar la manera de hacernos felices entre todos. Y al final es eso, es disfrutar de todos esos pequeños detalles del día a día, de todas las cosas que vivimos que no nos pasen inadvertidas y que las disfrutemos porque ahí está la felicidad.
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