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OPINIÓN | ¿Y si la solución de la vega talaverana pasara por las plantaciones frutales?

Plantación reciente de frutos secos en Talavera de la Reina
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Plantación reciente de frutos secos en Talavera de la Reina
jueves 05 de noviembre de 2020, 11:00h

Es de todos conocido que Talavera de la Reina ha sufrido una fuerte crisis económica y social durante buena parte de este siglo XXI, por varias causas que no viene al caso recordar. Los analistas utilizan algunos indicadores para ilustrar este “declive” como son la pérdida de población en la última década, el hundimiento del comercio que era una de sus señas de identidad y también el colapso de las producciones agroalimentarias de la fértil vega talaverana, auténtica fuente de riqueza en el pasado. Esa podría ser una explicación simplificada de la situación en Talavera y su zona de influencia, para explicárselo en pocas palabras a un recién llegado a la ciudad.

Sin embargo, desde el punto de vista de un análisis profesional agrónomico y, por supuesto, subjetivo, me atrevería a aventurar que estamos asistiendo hoy día a una revolución silenciosa, si se me permite la expresión, con el cambio de los cultivos tradicionales de la vega talaverana hacia nuevas plantaciones intensivas de frutos secos (almendra, nuez y pistacho), que están teniendo un auge espectacular en la actualidad. Basta con darse una vuelta a lo largo y ancho de la vega para constatar esta realidad.

Hace una década era impensable ver una plantación de 150 hectáreas de almendro, bajo una misma explotación, cultivada con las últimas tecnologías como, por ejemplo, puede verse hoy día a poco más de 2 km del núcleo urbano.

Y así podría citar más explotaciones y, lo que es más destacable, con inversores esperando para cubrir las oportunidades que se presenten. Me preguntarán que si todos produjéramos frutos secos hundiríamos el mercado. Bien, les voy a dar un dato, la Unión Europea importa cada año un volumen por valor de unos 3.500 millones de Euros en frutos secos, lo que indica que es claramente deficitaria. Ahora bien, para competir con las producciones intensivas de California, por ejemplo, hay que hacerlo con producciones intensivas modernas que puedan igualar o mejorar la relación calidad/ precio del producto importado. Y eso solo se consigue con explotaciones modernas.

Por otra parte, sabemos que el agua es un bien escaso y que la agricultura utiliza una gran cantidad en los cultivos tradicionales. Con las plantaciones intensivas, mediante el riego localizado, se consigue un importantísimo ahorro de agua comparándolo con algunos cultivos actuales de la vega talaverana que podrían ser inviables a futuro. También se está considerando, aunque en menor medida, la alternativa de plantaciones de árboles maderables teniendo en cuenta que la madera procedente de bosques naturales es un bien escaso.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que la utilización de mano de obra y la generación de valor añadido de estas plantaciones es superior al actual de cultivos tradicionales como el maíz y la alfalfa (y desde luego a algunas parcelas que están ahora semi-abandonadas). También requieren unas mayores necesidades de insumos: maquinaría agrícola más especializada, plantas de vivero, tecnología de riego, fertirrigación, etc, lo cual representa un aspecto dinamizador importante para la industria auxiliar complementaria.

No dudo que haya propietarios que no puedan afrontar la capitalización que supone una inversión importante en plantaciones, sobre todo en los primeros años de producción en los que la tasa de retorno de la inversión es baja. Para cubrir esa eventualidad se puede acudir a empresas de servicios, altamente tecnificadas, que mediante un contrato de larga duración se ocupan de desarrollar todas las fases desde la producción a la comercialización, facilitando que la posible falta de capital no impida la transformación de su explotación.

Los propietarios de parcelas pequeñas podrán argumentar que es posible que para ellos o las empresas de servicios carezca de interés este tipo de plantación, pero el hecho cierto es que para hacer atractiva la inversión, propia o externa, hay que ganar tamaño y eso puede conseguirse, por ejemplo, por agregación de parcelas en un contrato común. Conviene tener en cuenta que algunas de estas parcelas pequeñas no son rentables hoy día y, además, cabría preguntarse si existe un relevo generacional viable para estas pequeñas explotaciones.

Para concluir esta reflexión, el hecho cierto es que el campo talaverano se está moviendo y, por lo que se ve, más de lo que parece. ¿Puede ser la solución para revertir la situación socioeconómica talaverana? Sería un poco ingenuo por mi parte decir que así será, lo que no me cabe duda es que se está dando un paso en la dirección apropiada para que así sea.

Texto: José Alvarez Ramos, ingeniero agrónomo

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