Quiero compartir algunas pequeñas razones para reflexionar sobre este verano de mierda. El mío, lo dejo claro. Porque, no sé si para muchos, algunos, otros, propios o extraños esta afirmación la van a ningunear con la cabeza. Me alegro, de verdad, porque seguramente tiene que ver con la manera entender el disfrute de las cosas y eso ante todo debe ser respetado. Para gustos los colores, pero......
He estado parte del verano en el pueblo, al fresquito que se decía antes pero que ahora ya no vale. Me fui además pocos días después de que los meteorólogos nos avisaran de la llegada de una ola de calor, la primera porque desde la pandemia contamos lo malo que nos pasa por olas. Nunca antes había visto bufar a los ventiladores en los patios y ¡¡¡¡ en los dormitorios ¡¡¡¡¡¡ de la España vaciada que en verano rebosa de gente con los móviles.
Un año más, en el pueblo, las mierdas de los perros han ocupado las calles. Es una de las ventajas que los urbanitas rurales ponen en valor cada verano como la de llevar sueltas a sus mascotas. O igual que aparcar el coche donde te pille creando la imagen de un gran desguace.
Y luego está el ruido de las hormigoneras, los martillos mecánicos, las palas excavadoras, la rotura de azulejos, incluso alguna desbrozadora. Es la banda sonora de las reformas que también suena en las ciudades. Y qué reformas !!!!, se tiran pisos enteros. Es como si estuvieras viviendo en un bloque en construcción. Y con las ventanas abiertas, que suena mejor.
He pensado, como en otras cosas, que ya no hay verano como antes. No me enfada que las cosas hayan cambiado, pero sí me molesta que no adoptemos medidas para la nueva convivencia porque vivir en un pueblo con las mismas normas que hace 40 años no facilita la relación vecinal. Hay que ordenar nuestra socialización a los tiempos actuales, adaptar normativas a las nuevas costumbres, planificar sobre los nuevos problemas para evitar catástrofes pero no somos capaces de poner remedio con normas previsoras y nadie hace cumplir las que rigen.
Lo sé, comparado lo mío con lo que han pasado las gentes de Galicia, Castilla y León, Extremadura es una frivolidad. Pero creo que tiene la misma explicación: los incendios de sexta generación nos han pillado desprevenidos. Bochornoso. Excepto en Castilla-La Mancha, a cada uno lo suyo.
Lo dicho, un verano de mierda y el otoño ya veremos. Si es que hay otoño.
Ismael Barrios
Periodista
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