Hay algo extraño en esta Nochebuena. No sólo porque el frío ha llegado tarde o porque los villancicos suenan más cansados que alegres, sino porque el ánimo político del país parece suspendido en la misma niebla que cubre los campos de Extremadura.
Allí, las elecciones nos dejaron un resultado que nadie se atreve a llamar claro. Ganó la moderación, subió el extremo, pero se impuso también la duda. Los partidos que antes hablaban de tierra y raíces hoy miden las palabras como si de cada una dependiera una coalición.
Extremadura, tantas veces olvidada en los titulares, se ha convertido en espejo: quien quiera entender lo que viene, que mire cómo vota su ruralidad, cómo cambian las fidelidades cuando lo que está en juego no son colores, sino certezas.
El tablero se ha movido, pero nadie sabe hacia dónde. ¿Es un adelanto de lo que pasará en Aragón en febrero, o será sólo un episodio más de nuestra política errante?
Aragón y Andalucía miran de reojo. Saben que cada voto allí resuena más allá de sus fronteras. En Aragón se juega la consolidación de un nuevo equilibrio, una región que podría definir si el ciclo político iniciado hace una década empieza a cerrarse. Y en Andalucía —ay, Andalucía—, lo que está en el aire no es sólo una elección, sino la idea misma de continuidad. Allí, las urnas pesan más porque llevan historia, decepción y esperanza a partes iguales.
Y mientras tanto, las familias se sientan a la mesa, con las noticias de fondo y el cordero enfrente, hablando de todo menos de política, aunque la política se cuele igual, disfrazada de comentario sobre los precios o de chiste de sobremesa.
Esta Nochebuena rara tiene algo de eso: de pausa que no es descanso, de víspera que no se atreve a celebrar.
Quizás eso somos ahora: un país en espera. Entre las luces parpadeantes y las tendencias que van y vienen, seguimos intentando decidir qué camino tomar, como quien busca una estrella en un cielo cubierto. Y mientras tanto, que sea una buena noche, que brinde todo el mundo, y los que no lo puedan hacer por esta gripe que nos azota puedan encontrar en esta quietud de diciembre, al menos un respiro antes de lo que tiene que venir.