Dicen que las Navidades son tiempo de reencuentro, alegría y esperanza. Este año, lo fueron… pero con termómetro en mano. Cada cena familiar fue un concierto de toses y los brindis se adornaron con paracetamol. De norte a sur, España fue una gran sala de espera, un país entero sonándose la nariz mientras tratábamos de digerir los turrones y las noticias.
Y después… menuda resaca nos ha dejado el 2025: el “movidón” venezolano que no termina de apagarse, las negociaciones de Sánchez con los independentistas que parecen una serie sin final con ampollas incluidas… Milagros Tolón, que ha cogido con fuerza su cartera de ministra y ya justifica hasta las peticiones de Junqueras mientras García-Page pide elecciones generales para que acabe la sangría del PSOE. En medio de la congestión y el cansancio, uno no sabe si el mal cuerpo viene del catarro o de leer los titulares del día. Y, al final, una sensación general de que la política española actual es el único virus que no tiene vacuna.
Así arrancamos 2026: roncos, con fiebre y sin fuerza, pero todavía empujando, con buenos propósitos. El país camina entre elecciones, mocos y mociones, entre campañas perennes, pañuelos de bolsillo y promesas imposibles, esas que se empeñan en gritar los de VOX. Eso sí, no perdemos la esperanza de que en algún momento bajen la fiebre y el ruido.
Quizá la receta sea la de siempre: reposo, paciencia y mucho agua. Ese agua que sigue sin ser justa para Castilla-La Mancha porque, simplemente, se la siguen llevando como si nada. Pues se avecina tormenta judicial.
En resumen, y viendo cómo va la cosa, puede que lo que realmente necesitemos no sea un jarabe o un poco de cloro para depurar. De esto último sabe mucho el diputado pepero Santiago Serrano, que sigue ahí aunque su pasado lo persiga. No, es probable que –efectivamente– sean unas elecciones generales las que den aire político… y social a este país nuestro que ya bautizó Bismarck como “la nación más fuerte de la tierra”. Eso sí, los españoles nos seguiremos empeñando en pegarnos unos a otros cada vez más fuerte.