Las inundaciones en Talavera de la Reina (Toledo) siguen dejando imágenes de calles anegadas y garajes afectados, pero también nuevas quejas vecinales que apuntan directamente al estado de los arroyos. En zonas como Entretorres, Hilanderas y Grisetas, el agua no solo ha entrado en las viviendas: también ha reabierto el debate sobre la eficacia de los trabajos de mantenimiento anunciados en los últimos años.
A la emergencia se suma una denuncia reiterada: los trabajos de desbroce realizados en distintos arroyos no habrían incluido la retirada de los restos vegetales. Los vecinos se quejan de que se cortaron cañas y maleza, pero parte del material quedó abandonado en el propio cauce o en sus márgenes, lo que, con la crecida, ha terminado siendo arrastrado y acumulado en puntos críticos.
En Entretorres, los vecinos aseguran que cada vez que sacan las bombas de achique “están llenas de fusca”, una mezcla de restos vegetales y suciedad que bloquea el funcionamiento de los equipos. “No damos abasto limpiándolas porque se atascan constantemente”, explican afectados de la zona.
En el entorno de Puente Moris la escena se repite. “La mitad de lo que sale son cañas”, sostienen residentes, que describen cómo el agua arrastra grandes cantidades de vegetación cortada. La presencia masiva de estos restos no solo complica las labores de desagüe, sino que, a su juicio, evidencia que el mantenimiento no se completó adecuadamente.
Las quejas contrastan con los anuncios realizados por el Ayuntamiento en los últimos años. Hace dos años, el concejal de Ganadería, Agricultura y Entorno Rural, Gerardo Sánchez, aseguraba que el Consistorio trabajaba “de forma intensa” en el acondicionamiento de los cauces, especialmente en el arroyo Merdancho, en colaboración con la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT). Se habló entonces de “gran colaboración” y de tramitaciones urgentes.
El 12 de marzo del año pasado, el teniente alcalde David Moreno y el propio Sánchez insistían públicamente en que la limpieza de arroyos era fundamental para prevenir inundaciones. Moreno subrayó que la retirada de vegetación invasiva y sedimentos permitiría aumentar la capacidad de absorción de los cauces.
Más recientemente, en noviembre de 2025 —hace apenas cuatro meses— el Ayuntamiento impulsó la limpieza de los arroyos de La Portiña, el Bárrago y el Baladiel. La intervención fue presentada como parte de un “compromiso firme de la Concejalía con el cuidado del medio natural y la mejora de la calidad de vida en el ámbito rural”.
Sin embargo, a la vista de la situación actual, los vecinos cuestionan el alcance real de esas actuaciones. Sostienen que el desbroce sin retirada efectiva de los restos ha terminado generando nuevas obstrucciones cuando más capacidad de evacuación se necesitaba. “Se desbrozó, pero no se recogió. Y ahora todo eso baja con el agua”, resumen.
Mientras continúa el intercambio de responsabilidades entre administraciones —la CHT recuerda que muchas actuaciones requieren solicitud municipal y el Ayuntamiento defiende haber pedido recursos y permisos—, la imagen que se impone en las zonas afectadas es la de bombas atascadas por fusca y cañas acumuladas en plena crecida.
La polémica no se centra ya solo en si se actuó, sino en cómo y con qué continuidad. Y en medio del debate, los vecinos insisten en que más allá de los anuncios y compromisos públicos, lo que hoy tienen es agua en casa y restos vegetales saliendo por las bombas de achique.



