La localidad de Segurilla ha vuelto a demostrar la fuerza de sus raíces con la celebración de 'La Vaquilla', una festividad que gana peso cada año. Tras varias jornadas de precipitaciones, la climatología acompañó este sábado 14 de febrero, permitiendo que vecinos y visitantes disfrutaran de una jornada soleada que realzó el colorido de los pañuelos y las faldiqueras artesanales lucidas por los jóvenes.
La edición de este año ha destacado especialmente por su alta participación, contando con un grupo de 29 quintos y quintas. El alcalde del municipio, Pablo Barroso, ha valorado de forma muy positiva esta cifra, subrayando que el compromiso de los jóvenes es vital para la fiesta, ya que "cuantos más jóvenes participan, más colorido y vida tiene la celebración", asegurando así el relevo generacional de esta tradición centenaria.
El simbolismo de la jornada comenzó con el recorrido hacia la Ermita de la Soledad, un trayecto que este año contó con una gran afluencia de público. La multitud acompañó a los protagonistas en su paso por los puntos más emblemáticos del municipio, uniendo las ofrendas religiosas con los ritos populares que marcan el tránsito entre el desenfreno del Carnaval y el recogimiento de la Cuaresma.
El momento central volvió a ser la tradicional "corrida de la vaquilla" en la plaza. El armazón de madera y telas negras centró todas las miradas mientras los quintos interactuaban con los asistentes en un ambiente de celebración colectiva. La jornada culminó, como manda la tradición, con la simbólica "muerte" del animal y el lanzamiento de la "pelusa", señalando el fin del bullicio festivo.
Desde el Ayuntamiento se ha destacado el éxito rotundo de la convocatoria, que ha vuelto a convertir a Segurilla en un punto de encuentro imprescindible en la provincia de Toledo. La implicación de las familias en la confección de los trajes y el gran número de jóvenes implicados ratifican que 'La Vaquilla' sigue siendo el principal patrimonio sentimental de todos los segurillanos.
