El Hospital Quirónsalud Toledo ha incorporado la cirugía mínimamente invasiva para el abordaje de la hernia inguinal, una de las patologías quirúrgicas más frecuentes, con una incidencia que oscila entre los 100 y los 300 casos por cada 100.000 habitantes y con mayor prevalencia en hombres.
La hernia inguinal se produce por la protrusión de contenido abdominal o grasa preperitoneal a través de un punto débil en la musculatura de la pared abdominal, concretamente en la región de la ingle.
Tal y como explica la doctora Jara Hernández Gutiérrez, especialista en Cirugía General y Aparato Digestivo, “el tratamiento indicado en una hernia inguinal es la cirugía para poder realizar su reparación y evitar de esa forma sus potenciales complicaciones, como una hernia no reductible y la estrangulación”.
En este sentido, el centro ha comenzado a ofrecer como primera opción la cirugía laparoscópica o mínimamente invasiva frente a la cirugía abierta, siguiendo las recomendaciones de las principales sociedades científicas. No obstante, esta técnica no está indicada en todos los casos, como en pacientes con antecedentes de cirugía pélvica previa o que han recibido radioterapia en esa zona.
Para la reparación laparoscópica de la hernia inguinal existen dos técnicas principales: el abordaje TEP (Total Extra-Peritoneal) y el TAPP (Trans-Abdominal Pre-Peritoneal), en función de si es necesario acceder o no a la cavidad abdominal.
MENOR IMPACTO DE LA INTERVENCIÓN. La técnica TEP permite reparar la hernia sin entrar en la cavidad abdominal, actuando directamente en el espacio preperitoneal.
“Se realizan tres pequeñas incisiones en la línea media y se coloca una malla en una posición más fisiológica, que requiere menos fijación y reduce el dolor del paciente”, detalla la doctora Hernández.
Además, al situar la malla fuera de la cavidad abdominal y sin contacto con el intestino, esta técnica disminuye de forma significativa el impacto de la intervención en el organismo.
RECUPERACIÓN MÁS RÁPIDA Y MENOS DOLOR
Por su parte, la doctora Aida Tébar Zamora, también especialista en Cirugía General y Aparato Digestivo, subraya que este abordaje ofrece una mejor visualización de la región inguinal, lo que permite tratar en una sola intervención todos los posibles defectos.
Entre sus principales ventajas, destaca el menor dolor postoperatorio, una menor incidencia de infecciones y cicatrices más pequeñas y estéticas. Asimismo, la recuperación es más rápida que con la cirugía abierta, permitiendo la reincorporación a la vida laboral en menos tiempo y la vuelta progresiva a la actividad física en un plazo aproximado de dos a tres semanas.